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Opinión

Sigue la tragedia

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
14 de agosto de 2025

La nueva violencia que inició en el mundo con la revolución industrial y ahora "armada" con la teoría de la lucha de clases, llegó al poder en 1917 con la Revolución Rusa, pasó por la Primera y Segunda Guerras Mundiales, luego China en 1949 y los movimientos de liberación nacional de los países asiáticos y africanos y finalmente, América Latina con la llegada de Fidel Castro en Cuba 1959, desde donde se desató el movimiento guerrillero que impactó al resto de países de la región, desapareciendo en la mayoría, pero subsistiendo en Colombia.

Llama la atención que en nuestro país no hayamos podido superar la violencia partidista que nos azota desde la independencia de España y por más que busquemos explicaciones de todo orden, el tema económico aliado al político está en el origen del enfrentamiento y las salidas que se le han dado basadas en negociaciones de paz desde hace 50 años, sin resultados concretos porque se cree que basta firmar acuerdos de papel, mientras los problemas reales subsisten, y la violencia golpea sin medir a quién. Revisando las intervenciones de Miguel Uribe Turbay en las entrevistas realizadas, en sus discursos y debates en el Congreso y eventos a los que asistía, llama la atención su afán por buscar la pacificación del país, a través del lenguaje incluyente y contrario a la discordia y el enfrentamiento y algo en cierta forma novedoso, hacer realidad las soluciones que necesitaba el país sin más diagnósticos que la ejecución de las obras requeridas. Es una verdadera tragedia el magnicidio de Miguel Uribe Turbay que cierra otra vez la puerta de que ideas preclaras conduzcan los destinos del país, como ha ocurrido con los crímenes de líderes que, en más de 200 años de independencia de España, les quitaron la oportunidad de ejercer el poder institucional para desarrollar sus iniciativas en lo real, porque la diferencia mal entendida, segó sus vidas. Qué decir entonces de los millones de colombianos que a brazo torcido y de forma silenciosa, producen con su trabajo la riqueza nacional que mantiene vivas las esperanzas de progreso y bienestar y que, en el camino, es víctima también de los que se creen o consideran propietarios de los derechos de los demás, decidiendo intervenir en sus vidas y pasarlos por el juicio de sus desavenencias bajo un poder que se abrogan. Duele mucho lo ocurrido con Miguel Uribe Turbay y toda la tragedia de la población colombiana y mundial que ablanda los corazones y sentimientos, y que reclama de quienes ejercen el poder y de los que reaccionan de forma violenta, que cesen los enfrentamientos de exterminio y exclusión y en la práctica, se den las soluciones integrando en una sola tierra sin fronteras, los sueños de una humanidad que no ha superado los límites de su falta de imaginación, por un mendrugo.