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Opinión

Sicarios digitales: la nueva peste de la infamia

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
21 de julio de 2025

En las sombras de las redes sociales, prolifera una nueva clase de delincuentes: los sicarios digitales. No portan armas visibles, pero asesinan reputaciones, calumnian a inocentes, extorsionan con falsedades y difaman sin límite. No respetan la vida, la honra ni la dignidad de sus víctimas. Operan como plagas sin rostro, muchas veces ocultos tras perfiles falsos, alimentados por la cobardía, la ignorancia o el rencor.

Estos personajes –chirretes digitales, cuasi analfabetas funcionales, muchos de ellos drogadictos o borrachos profesionales– viven del escándalo, de la mentira como modo de vida, y del chantaje como fuente de ingreso. Usan el insulto como titular y la difamación como contenido. Algunos se hacen pasar por "periodistas independientes", pero ni leen ni investigan; solo repiten, distorsionan y lanzan veneno por encargo. Víctimas inocentes ven su nombre arrastrado por el fango por no ceder ante extorsiones o por simplemente incomodar con su existencia. La justicia, lenta o ausente, pocas veces responde con contundencia. Y mientras tanto, estos personajes se lucran con el dolor ajeno y el morbo colectivo. El escritor y premio Nobel Mario Vargas Llosa advirtió: "El periodismo que miente, que calumnia, que destruye sin pruebas, es más nocivo que una bomba." Por su parte, Gabriel García Márquez dijo: "La mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor." Pero los sicarios digitales no entienden de ética ni de oficio. Son mercenarios del teclado. Perversos del contenido. Su única brújula es el dinero fácil. Es urgente que la sociedad, los verdaderos periodistas, las instituciones y los ciudadanos conscientes levanten la voz. La libertad de expresión no puede ser excusa para destruir vidas con impunidad. Difamar no es informar. Extorsionar no es opinar. La prensa debe seguir siendo un pilar de la democracia, no su ruina. El periodismo ético construye; el periodismo canalla, manipulado por chirretes digitales, destruye. Es hora de identificarlos, denunciarlos y educar para que la opinión pública no siga premiando el odio disfrazado de noticia. Porque cuando se callan las voces limpias, solo queda el eco de la mentira.