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Opinión

Si yo fuera el Niño Dios

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
26 de diciembre de 2024

Si el autor fuera el Niño Dios, cada edad viviría una Navidad perfecta: regalos, ropa, banquetes y, sobre todo, unidad familiar y amor.

Por José Armando Benítez Tuirán Si yo, con 10 años, hubiese sido el niño Dios, ningún infante sobre la tierra se hubiera quedado sin regalos en Nochebuena. Imagino todas las calles llenas de niños en bicicletas, patines, jugando con pelotas que pican sin control contra las aceras. Los patios llenos de cocinitas, de pistas de carros, las salas llenas de muñecas, peluches o juegos de mesa. Si yo, con 20 años, hubiese sido el niño Dios, los adolescentes y jóvenes no hubieran sufrido por no tener ropa para estrenar el 24 y el 31, todos hubiesen tenido la pinta soñada sin importar la marca, consolas de videojuegos para todos, lo que hiciera falta para que nadie se sintiera menos. Si yo, con 30 años, hubiese sido el niño Dios, las mesas de los hogares del planeta hubiesen albergado los banquetes deseados, las comidas típicas de Navidad, champagne para brindar, rones, aguardientes y whisky para animar las fiestas. Si yo, con 40 años, hubiera sido el niño Dios, a mi hijo, sobrinos y a todos los niños y adolescentes del mundo no los hubiera faltado nada de lo que hubiesen anhelado. Hubieran tenido todo para pasar una Navidad perfecta. Si yo, hoy con 50 años, fuera el Niño Dios, llevaría unidad familiar a todos los rincones del planeta. Enseñaría a quienes tienen menos de 10 años que tener todos los juguetes deseados no garantiza la felicidad, les invitaría a disfrutar de sus abuelos a exprimir al máximo cada segundo con ellos. A quienes tienen menos de 20 años les haría entender que todo con lo que se vistan es digno de ser lucido, que por algo los envoltorios se tiran y nos quedamos con lo que hay dentro. Que al final no son los videojuegos los que cuentan, sino las amistades de la juventud. A los que tienen menos de 30 años les diría que lo importante de las mesas de las comidas navideñas no es lo que hay encima de ellas, sino quiénes están alrededor nuestro. A los que tienen menos de 40 años les diría que a los niños y adolescentes no les hacen falta tantas cosas materiales, más allá de las básicas. Que lo que realmente se añora, es el tiempo compartido con ellos, la atención, el cariño y el amor de sus padres. Que lo que más se anhela es la presencia de aquellos que hemos amado y que por desgracia ya no están.