
Si soy

Un hombre exhausto describe su frustración por no controlar sus emociones. La displicencia, la máscara y la explosión emocional son claves en su lucha por ser comprendido.
Por Olga Leonor Hernández B Cuando iniciamos nuestra conversación en consulta se veía _y se sentía_ desesperado. Era como si la urgencia por hablar lo estuviera persiguiendo. "¡Estoy cansadoooo! No puedo lograrlo, no puedo manejar mis emociones, cuando me enojo me convierto en un HP que se lleva por delante a los demás. Me lo dicen todo el tiempo "Es que definitivamente contigo no se puede"… Y yo lo he intentado, he cambiado, estoy en terapia, pero no, nada me funciona". ¿Me permites entender qué fue lo que pasó para clarificar de dónde viene esto que estás sintiendo? Procedió a describirme la situación, no la voy a repetir aquí, pero se resume en una palabra que él mismo me dijo: Displicencia. ¿Sabes qué? _Le dije_. En tu lugar yo también me hubiera molestado. ¿Si? _respondió con sorpresa_. Si _continué._ Cuando tenemos necesidades y sentimos que estas merecen la atención y comprensión de los demás, pero no la recibimos, es normal sentirnos molestos, enojados o incluso heridos y desconocidos. Ese no es el problema. El problema que debemos conversar. Me miró con una medio sonrisa. Tenía la respuesta. "Es que como estoy tan cansado de que me digan lo mala clase que soy, me he propuesto andar como ellos quieren: con la sonrisita pendeja en la cara todo el tiempo, aguantándome las ganas de decir lo que quiero decir para ver si dejan de asegurar que todo me lo embarro. Y entonces un día no aguanto más y exploto. ¿Pero sabes? Explotar es sano, es bueno, porque me descargo y entonces aguanto un mes más de usar la máscara feliz". Revisemos _dije. Enojarse no es un problema, pero aguantar y aguantar hasta explotar y usar esto como estrategia de descarga periódica puede que no esté siendo una buena estrategia, porque todo sale con una fuerza y una potencia desbordada para la situación en la que estás y se ve sobredimensionada. "Si, soy. Soy el que deja de decir cuando es, para después decirlo todo al mismo tiempo. Y claro, ¿Cómo no van a quejarse de mis ataques de ira, si por andar siendo perfecto, me obligo al silencio y acumulo emociones hasta reventar? Y viene el trabalenguas: Por no permitirse sentir lo que auténticamente siente, termina siendo lo que los demás le dicen que es. Por aparentar ser lo que los demás desean, termina siendo lo que los demás critican. Por no permitirse ser, termina dejando de ser.