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Opinión

Sexo y culpa (I)

Omaira Enríquez
Omaira Enríquez
Columnista
22 de junio de 2024

La violencia sexual a menudo culpa a la víctima, desde la ropa hasta la "provocación". Esta doble culpa, arraigada en mitos y cultura, niega la agresión y cuestiona la recuperación.

Por Omaira L. Henríquez M. Los asaltos sexuales son quizás el arquetipo de violencia donde más se responsabiliza a la mujer y un excelentísimo ejemplo para entender esta gran premisa de la doble culpa sería; por un lado, se acusa a la víctima en alguna forma de haber provocado la violación, esta culpa toma muchas formas: quizás estabas en el lugar equivocado, llevabas ropa muy corta, tu actitud no fue la más recatada, quién te manda a salir con hombres etc., en Colombia han ocurrido casos donde se ha endilgado la culpa a la víctima, caso: la muerte de Rosa Elvira Celis, quien el hoy senador de la República, Miguel Uribe Turbay, dijo: que lo ocurrido a la víctima obedeció a: "Si ella no hubiese salido con los compañeros de estudio después de terminar sus clases en horas de la noche, hoy no estuviéramos lamentando su muerte". Cuando te dicen "si no quieres que te violen, no te pongas esa ropa", te están diciendo si no quieres que te roben no enseñes tus joyas, o quizás no ostentes tu poder y si lo haces atente a las consecuencias. Es ahí cuando ellos intentan imponer su autoridad, mostrando supremacía en forma de agresión. Una mujer bella es culpable de provocaciones. Tu mujer, tienes el sexo. Pero yo tengo la fuerza y sé cómo utilizarla, la agresión no es una consecuencia de la lujuria y pasión, sino un acto simbólico de poder, es este simbolismo, ese conjunto de creencias que hace que los violadores nieguen sistemáticamente sus delitos escuchando a diario en el estrado de boca de los agresores. Pero si esto no es suficiente, también se culpa a la mujer de reponerse tras una agresión sexual. Nuestros referentes nos han indicado que después de una violación, la mujer queda rota, destrozada, inservible, repitiéndolo una y otra vez: tu sexualidad no será la misma. Irónicamente, cuando la víctima no encarna este papel sufriente, se pondrá en duda su acusación. Y se dirá: tan mal no estará, eso fue mentira, tal vez de alguna manera lo deseaba, etc. Entonces, nuestro cuerpo es objeto de deseo y, al mismo tiempo, objeto de culpabilidad. Somos causante de que los hombres no puedan reprimir su lujuria, y por eso también somos culpables de que nos agredan. De nuevo, la idea de la mujer como una tentación incontrolable. Sin ir muy lejos, la mitología griega está plagada de violaciones "provocadas" por la belleza de las mujeres. La figura de Zeus, es famosa por llevar a cabo muchos raptos, uno de los más famosos es donde el dios se transforma en cisne y se posa encima de Leda, dejándola embarazada. Y el de Europa, donde Zeus, encarna en un toro blanco que la secuestra para llevarla a creta. Y, por si esto fuese poco, la víctima además, tenía altas posibilidades de sufrir la venganza de su celosa esposa Hera. Son mitos, por supuesto, pero estas leyendas conforman nuestra sabiduría popular y moldean nuestro subconsciente en la llamada "cultura de la violación".