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Opinión

Sesión

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
20 de abril de 2024

Una psicoterapia virtual se vio interrumpida por imprevistos, pero la sesión reveló frustraciones y la búsqueda de perfección. A pesar de los obstáculos, la conexión floreció.

Por Olga Leonor Hernández B. Parecía que todo se hubiera puesto de acuerdo para juntarse en ese momento. Estaba en consulta virtual, con alguien que vive en una ciudad diferente a la mía y había pasado mucho de lo que manuales de psicoterapia dicen que no debe suceder: interrupciones una y otra vez. Primero pasó una ambulancia. Luego una volqueta se estacionó frente a mi edificio y empezó a roncar con su motor viejo por varios largos minutos en los que era imposible que ella me escuchara o yo le pudiera entender lo que me contaba. Al rato a ella, que había decidido quedarse en su oficina para poder hablar más en calma de lo que le pasaba, le tocaron su puerta para preguntarle algunos temas laborales… En fin, con todo y eso seguimos trabajando. Poco a poco, la conversación nos fue llevando a sus frustraciones personales porque las cosas no salían en la dirección planeada o deseada a pesar de sus esfuerzos. Vivía en una permanente anticipación, abonando el terreno con paciencia y dedicación con la supuesta intención de que sus planes y proyectos se materializaran. Sin embargo, siempre lo hacía con la callada seguridad de que al final nada iba a salir, que el fracaso estaba a la orden del día. Si no salía como estaba definido en su cabeza simplemente había fallado. Pocos de sus logros eran reconocidos como tales. Su intención de perfección teñía de insuficiente todo lo que le ocurría. La exigencia de cumplir con un esquema establecido la alejaba de la experiencia misma y de sus tonalidades. En la medida en que las cosas se alejaban del ideal, más se convencía de que nunca en su vida iba a poder vivir a plenitud. Vivir a plenitud era entonces sinónimo de que todo se ajustara a las expectativas. Comprender eso estaba siendo confrontador, solo era aceptable lo planeado, todo lo demás era un error que no tenía porqué ocurrir. Era la condena a una vida insípida, ausente de sorpresas. ¡Qué buena sesión Olga! Me dijo cuando ya íbamos a cerrar. Si _Le respondí_ Fue una muy buena sesión, a pesar de que no fue la sesión perfecta de libro. Su sonrisa en ese momento fue clara. Empezaba a abrirle la puerta a lo incierto, a lo no planeado. La sesión no fue perfecta, pero fue la mejor sesión que pudimos tener.