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Opinión

Ser humanos

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
19 de noviembre de 2023

Rob Riemen define "El arte de ser humanos" como la búsqueda de compasión, belleza y justicia. Critica la pérdida de valores en un mundo dominado por la estupidez, las guerras y la frivolidad.

Por Álvaro Bustos González* En el preludio de El arte de ser humanos, Rob Riemen lo dice claramente: "Nada tenemos de inmortal, salvo los bienes del alma y los del ingenio". Y luego afirma, con una convicción terminante: "Ser humano es un arte, no una ciencia", lo que, expresado así, con apoyo en los poetas Ovidio y Dante, equivale a decir que lo mejor de lo humano es la compasión, la belleza y la justicia, algo semejante a proclamar, con cierto idealismo, que "el arte de ser humanos radica en la nobleza del espíritu". Palabras, vanas palabras, dirán los pragmáticos y los escépticos, olvidando que detrás de todo aquello mora el viejo anhelo de vivir con dignidad, un secreto que sólo descubren quienes se dedican con pasión al conocimiento inútil, conformado por la cultura y las artes, las únicas expresiones de la condición humana que, reflejando la ternura y la maldad, enaltecen el espíritu. Transitando por el camino que lleva al fondo de cada uno, Riemen sostiene que el mejor método para llegar a conocer ese enigmático abismo de la persona es la reflexión sobre quiénes nos han formado e ilustrado. De ahí que, emulando a Nietzsche, advierta que "nunca se necesitó tanto de educadores morales", porque nunca fue el mundo tan pobre en amor y bondad. Con amargura se queja el filósofo holandés de que las universidades se hayan convertido en baluartes de la estupidez. Ahí están de muestra la cantidad de caprichos supuestamente progresistas que surgen en el norte de Europa y son asimilados como verdades inmarcesibles por las facultades de ciencias sociales de los Estados Unidos y Canadá, cuya semilla se disemina y crece por todas partes con la gangosa voz de la posmodernidad, inundada de sandeces y ocurrencias zafias que nada tienen que ver con la exaltación de lo verdaderamente humano. Ahí están las guerras, otra vez, justificadas por el poder arbitrario y el terror, portando sus banderolas fanáticas, mientras la existencia se disuelve en la estulticia y la mecanización tecnológica, huérfana de los preceptos que constituyen el arte de ser humanos. Una vez más los autócratas avanzan por el mundo, las democracias sucumben a la frivolidad y los pueblos, enajenados a las ideologías o a las religiones, se obnubilan con las quimeras de la redención. El esfuerzo, el mérito, el pensamiento y la creatividad ya son sueños del pasado. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.