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Opinión

Sendas del ser humano

Aníbal Paternina Padilla
Aníbal Paternina Padilla
Columnista
26 de julio de 2023

Desde inicios del siglo XX, Sincelejo cobija personajes populares que, con gestos y apodos, deleitaron a sus habitantes. Un homenaje a quienes dejaron huella, como Pío.

Por Aníbal Paternina Padilla Las personas se distinguen por actitudes, frases e historias que se tejen en torno de ellas. Se convierten en símbolos de familias, barrios, ciudades y comunidades enteras. Desde comienzos del siglo XX, Sincelejo ha albergado en su seno a orates o personajes andariegos, unos nativos, otros, foráneos; algunos, aparentemente ofensivos, otros sonrientes, recorriendo las calles del pueblo. Fuera lo uno o lo otro, calaron en el corazón de la gente buena de Sincelejo que le habría y le siguen abriendo las puertas de sus casas para dar un pedazo de pan a estos personajes, que de alguna manera deleitaban a los habitantes de esta tierra, con sus ademanes gestos y actitudes cantinflescas. Algunos se conocieron por sus nombres de pila otros por sus apodos. De muchos de ellos mencionamos a la Pata de Trinche, al Mono Márquez (Loco peluca), Mingo Pata de Loro, Dámaso, Máxima Picante, Cristinita, Chicote, Niño Flojo, La Guacamaya, La Martillo, Cóbala Chevo, Garruflo, Mañungo, Montañito, Máquina Vieja, etc. A muchos no se les ha determinado en vida a otros como a cualquier prócer de la patria se les construyó un monumento frente al histórico pozo de Majagual como el caso de Francisco Manuel Contreras Bustamante (a.) Pío era un personaje andariego de Sincelejo que caminaba al menos 7 km. diarios saludando a todo el que encontraba a su paso, degustando siempre su tabaco chochoano. Murió en el 2000 a la edad de 81 años. Pero para estos personajes populares no faltó el verso de nuestro famoso lírida Pompeyo Molina: 'Pueblo mío lejano que proyectas tu sombra a mi memoria/, con las siluetas de Peluca y Dámaso/. Domingos liberales de Macedonio Herrera/ con el rojo pañuelo atado al cuello, recorriendo en el burro taciturno/ que cargó la panela en la plaza principal. Y no nos falta a los seres humano senectud, la edad senil, la vejez para exponernos al irrespeto y a la burla sin hacerle daño a nadie. A diario oímos decir a los muchachos de distintas edades, "ese viejo o esa vieja, o ese limosnero" en tono despectivo o de insulto. Cuan errados andan al creer que la senectud es sinónimo de insignificancia o bajeza; al contrario, para llegar a la edad senil se necesitan cualidades físicas, espirituales y morales, las cuales, en conjunto, tienen la virtud de prolongar el tiempo sobre el hombre a cifras sorprendentes. Porque jamás llegan a avanzada edad los crapulosos, tahúres, alcohólicos y delincuentes.