
Sembrar para recoger

No deja de sorprendernos la inmadurez humana. A veces no parece que estuviéramos en el siglo XXI. Cada cierto tiempo aparecen virus generacionales, que parecen de cuento.
No deja de sorprendernos la inmadurez humana. A veces no parece que estuviéramos en el siglo XXI. Cada cierto tiempo aparecen virus generacionales, que parecen de cuento. Hoy, la humanidad experimenta una nueva etapa de la historia, marcada por emociones y sensaciones sin límite. Donde la coherencia que es el factor equilibrante en la vida de cada uno, pasó a segundo plano para darle paso a lo snob y a la falta de compromiso. Situación que pone en riesgo la estabilidad emocional personal, institucional y comunitaria, al permitirse vivir sin metas, sin mínimos ni máximos, sin topes. Es el caso inaudito del movimiento Therian, personas que se identifican con animales asumiendo sus comportamientos. ¿Podrá la mente de una persona defenderse, sin ser dañada y obnubilada, por el desorden social permisivo y sin control? ¿Cuál es el mensaje que envían estas gentes confundidas? Muy posiblemente para aprender a desaprender lo mal aprendido, tengamos que navegar por océanos de ignorancia, que duele, que entorpece la marcha, que sorprende por lo ilógico. La escasez de propósito vital llama la atención, parece que no hubiera un mañana por qué preocuparse. No se le teme a las consecuencias de actitudes no asumidas, ni al vacío moral. Vidas sin dueño, donde se paga para que todo sea hecho por otro, pero a mi nombre. Donde es mejor imitar que ser. La mejor versión de cada persona se logra cuando la mirada es razonable, y que, ni con el paso de la edad se permite perder el valor de lo bueno, lo verdadero y lo Sagrado. Sí, el término ‘Sagrado’ es muy respetable, elegido para dar reconocimiento a lo invaluable: LA VIDA. El autocontrol es fortaleza, y la calma interior que se refleja, es dominio. Las acciones indebidas de otros, no pueden condicionar mi caminar ni mi estado de ánimo, se puede dar el intento, pero está en mí el permitir acogerlo o rechazarlo. Debo descubrir quien merece y requiere mi atención, no todos la valoran. La dirección la elijo yo, el uso correcto de mi inteligencia es mi libre decisión. Mis metas y sueños están en mis manos. Aunque toque esquivar grandes obstáculos con esfuerzo y tesón, se llega. Dice el refrán popular: “Y vendrán tiempos peores…” Será que le estamos dando bienvenidas al mayor de los facilismos: No pensar en las consecuencias de lo que estamos sembrando.