
Seguridad Colombia: un país en caos

En el último año, Colombia se sumerge nuevamente en un espiral de violencia que pone en tela de juicio la capacidad del Estado para garantizar la seguridad. Lejos de consolidar la llamada “paz total” propiciada por el gobierno, las fuerzas armadas parecen amarradas frente a un mosaico de grupos armados que retoman el protagonismo.
Uno de los episodios más graves ocurrió en Catatumbo, donde enfrentamientos entre el ELN (Ejército de Liberación Nacional) y disidencias de las Farc han provocado desplazamientos masivos. Se reportaron más de 32.000 personas desplazadas según la Fiscalía, marcando un fuerte retroceso en la protección civil. La violencia cobró otro giro dramático con una oleada de 24 ataques coordinados el 10 de junio, principalmente en los departamentos de Cauca y Valle del Cauca. Se usaron vehículos con explosivos, granadas y disparos contra estaciones policiales, dejando al menos siete muertos y más de 20 heridos. Uno de los actos más alarmantes fue el uso de drones cargados de explosivos: rebeldes del ELN atacaron una patrulla militar en el Catatumbo con esta tecnología, provocando la muerte de tres soldados y heridas a otros ocho. Además, en abril de 2025, disidencias de las Farc emboscaron un batallón del Ejército en San José del Guaviare. El saldo fue brutal: siete uniformados muertos y seis secuestrados, un golpe severo a la autoridad militar. La ciudad de Cali también ha sido foco de violencia extrema. El 21 de agosto, un camión bomba explotó cerca de la Escuela de Aviación Marco Fidel Suárez: el atentado dejó al menos siete muertos y 78 heridos, desatando pánico y cuestionamientos sobre los controles de seguridad. A todo esto se suma la pérdida constante de personal de las fuerzas de seguridad: más de 140 uniformados han sido asesinados en lo que va de 2025, según reportes recientes, la cifra más alta en una década. Los datos oficiales reflejan que 2024 fue uno de los años más violentos de los últimos siete: 29.290 muertes violentas, según Medicina Legal, un récord que refleja el desgaste institucional. Este panorama muestra un Estado que parece paralizado: sus fuerzas armadas, tensas y desbordadas, no logran frenar ni siquiera los actos más audaces de los grupos ilegales. Mientras tanto, la ciudadanía vive con miedo creciente, desplazamientos, explosiones y muerte. La "paz total" promete, pero la realidad desenmascara un país profundamente inseguro y en caos.