
Segunda vuelta

Entrados en la segunda vuelta presidencial, se atiza la puja por atraer hacia los extremos de la cuerda la mayoría de los votantes en esta etapa del proceso electoral colombiano. Está demostrado que, en política, cuando pululan las necesidades y las sin soluciones, el discurso agitacional aviva las energías y pasiones, y esto le "pega" a gran parte de la población; asunto que los políticos tradicionales entienden muy bien y lo hacen su "modus operandi".
Dotarse de un buen programa de gobierno y ser una persona con conocimientos, experiencia y ética pasa a un segundo plano cuando se trata de ganar una elección. Esto lo puso en práctica Gustavo Petro, quien se alió hasta con el "diablo" para llegar a la presidencia y ahora, volviendo a utilizar "todas las formas de lucha" como su estandarte, pretende atornillarse en el poder a través de su candidato Cepeda, "cueste lo que cueste". En esta segunda vuelta se enfrentan un pasado y un presente para dirigir los destinos del país. Por un lado, el discurso del candidato oficial se remite a los hechos que dieron origen a la teoría de la lucha de clases y el surgimiento del fascismo en la primera parte del siglo XX, para descalificar al "rival", asunto que está fuera de contexto, porque las relaciones sociales han cambiado y las necesidades de la humanidad también. Por su parte, Abelardo de la Espriella, con un discurso confrontacional, se identifica con la mayoría de los electores que se oponen a la actual administración pública nacional, amén de estar por fuera de los partidos tradicionales, que se puede catalogar como la gran estrategia aglutinadora de esos más de diez millones de votos, los nunca, que encontraron en la independencia la vía de escape de los desgobiernos que no han llevado al país a la solución de sus problemas. En la segunda vuelta se juega también el presente y futuro del país, que por el lado del candidato del gobierno es la estatización de la economía y de toda la vida social, con la eliminación de la libertad y el empobrecimiento de la mayoría de la población; en tanto que por el otro candidato, es un salto para dejar atrás un pasado "mañoso" que impide construir una mejor nación. Mirando los resultados electorales, con una votación total de 23.285.426 en la primera vuelta, 10.361.499 fueron a favor de Abelardo de la Espriella, faltándole 1.281.215 votos para llegar al 50% más 1 voto, mientras que a Iván Cepeda le faltaron 1.954.353. La disputa está planteada y solo se espera que el elector aplique su sabiduría y conciencia por un momento y decida lo que más le conviene al país.