
Secuestro y asesinato

Hace 37 años lo secuestraron, mientras asesinaban a su escolta, Juan de Dios Hidalgo, a la salida de la capilla de la Inmaculada Concepción, al norte de Bogotá, obedeciendo la orden de captura (?) No 005 de la Comandancia General del M19, firmada por Carlos Pizarro Leongómez el 23 de abril de 1988, con el subtítulo de Orden de Combate y con un plazo perentorio de 45 días para su cumplimiento.
El propósito era castigar a la oligarquía colombiana en cabeza de un intelectual y humanista cautivante, combativo y sectario en su juventud, como todos los de su generación (liberales y conservadores) que participaron en refriegas políticas, quien tuvo la virtud de la honestidad, el arte para pintar caballos, el don para hacer un periodismo intachable, como lo pueden atestiguar los caricaturistas Osuna y Vladdo, quienes a su lado trabajaron, y para pensar, sobre todo para pensar, dándole a su vida un contenido estético fulgurante, plagado de razonamientos profundos, como aquellos con los que demostró, en La Revolución en América y en otros ensayos profusos, que Simón Bolívar no fue el héroe cuyo legado han querido distorsionar en favor de los delirios chavomaduropetristas, confiriéndole a su espada un simbolismo contrario al que encarnó el Libertador, quien amalgamó en su ser un romanticismo lleno de tradiciones y preocupaciones alrededor de la configuración de las nuevas repúblicas, las cuales le parecieron ingobernables desde un principio. Hace 30 años, el 2 de noviembre, lo acribillaron al salir de dictar clases sobre Cultura e Historia en la Universidad Sergio Arboleda. El crimen lo reconocieron recientemente las Farc ante la JEP, pero las circunstancias en que ocurrió el magnicidio hacen pensar en que la alianza macabra del gobierno de Ernesto Samper con el narcotráfico tuvo algo que ver. Si fueron las Farc, pues eso está en su código genético: crear el caos, agudizar las contradicciones en el establecimiento y despreciar la vida humana hasta el final. Sus verdugos del pasado están hoy en el Gobierno y en el Congreso hablando del poder constituyente del "pueblo", amnistiados o indultados, gozando de las holguras de la vida burguesa, con sueldos estratosféricos, propugnando por acabar con la empresa privada y con la actual Constitución para rehacerla con base en la destrucción de la democracia y establecer así el totalitarismo que llenará de mayor ignominia a la sociedad colombiana. Álvaro Gómez Hurtado fue, sin duda, un líder excepcional. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.