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Opinión

Se siente, se siente

Lucia Teresa Solano Berrío
Lucia Teresa Solano Berrío
Columnista
11 de mayo de 2026

Al acercarse la hora de la primera vuelta presidencial se siente la ansiedad de las campañas, el afán por sacar del sombrero la idea que marque la diferencia. ¿Qué pasará? ¿Por quién o quiénes se inclinará la balanza el 31 de mayo? El ajetreo ha sido grande. Los temas obvios, como el cambio climático, la exploración y explotación de petróleo, carbón y gas, están en todas las agendas, al igual que la economía y la salud. Nada distinto a otras campañas políticas en este país incapaz de sumar propósitos comunes, asediado por la corrupción y maltratado por la polarización.

El mercado de las lealtades se mueve cada día y convulsiona por los abruptos cambios de posición de algunos aspirantes con respecto a asuntos que los caracterizaron antes de buscar la jefatura del Estado. No es fácil olvidar las distancias que varios han tomado del gobierno porque hicieron parte del cambio y alabaron su estilo, o de los jefes de los partidos porque resintieron a la hora de definir candidato y apoyos. Resulta difícil creer la distancia de Petro cuando estuvieron a su lado y vitorearon sus propuestas. Dudoso el disenso con los expresidentes cuando los habían convertido en ídolos, oráculos y ejemplos, y les juraban obediencia. Y en esa mescolanza de ideas, politiquería, alianzas, juntancias y disparidades, poco o nada se habla de justicia, de impunidad, de amistades peligrosas, de recuperar los recursos saqueados al Estado y de la paz. Sí, la paz, una prioridad y un bien por restablecer y para la cual hay que poner todo el empeño, acompañada por unas fuerzas militares fuertes, listas a impedir los desafueros y los "abusos de confianza" de quienes son llamados a la mesa. Hay que hacer todo por alcanzar la paz. Negociar sin miedo y dar respuesta inmediata a quien viole las reglas. Además, establecer unos tiempos porque ya pasó un cuarto de siglo y sigue el foforro. Un siglo para acordar con cada grupo es una burla inadmisible. Si la paz es, de corazón, un propósito nacional, buscar acuerdos, hacer concesiones y avanzar. Vivimos en la era de la inmediatez. Existen todos los recursos para un diálogo fluido. Si los violentos han refinado armamento, nexos con el mercado mundial de drogas, lavado de dinero, minería ilegal, acumulación de riqueza, formas de “lucha”, no pueden sentarse a hablar como en el ayer donde aparentan haberse quedado. Sólo para definir acuerdos se quedaron en los comienzos del siglo que hace 26 años terminó. El nerviosismo de los candidatos debe ser por asuntos que duelen, lastiman, olvidan, ignoran, dividen, segregan, estigmatizan, ofenden, hieren y matan a los colombianos. Así no se llegue al ideal, el sueño de la igualdad no puede entenderse como una pesadilla sin fin, donde los de abajo, la base de la pirámide de Prahalad y Hart y que aquí se usa despectivamente para referirse a las clases menos favorecidas, sea la que siga pagando los platos rotos de la inexperiencia y errores de los que gobiernan.