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Opinión

Se responsable de tu desastre

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
18 de mayo de 2024

Evitar culpas y asumir responsabilidad es clave para el crecimiento personal. Las excusas impiden soluciones; la valentía reside en enfrentar errores. Asumir consecuencias abre oportunidades.

Por Glenda K. Fuentes En nuestra vida diaria, todos enfrentamos obstáculos y fracasos. Es natural encontrar dificultades en el camino, pero a menudo caemos en la trampa de culpar a otros o a circunstancias externas para no asumir la responsabilidad de nuestros propios actos. Sin embargo, esta actitud de evasión solo nos mantiene estancados y nos impide crecer y avanzar. Las justificaciones y excusas que utilizamos son tan personales que pueden parecer infinitas. Desde el clásico "no tengo tiempo" hasta el recurrente "soy una víctima", cada uno de nosotros es capaz de crear un catálogo único de motivos que nos alejan de asumir la responsabilidad de lo que hemos hecho o, simplemente, dejado de hacer. Estas excusas, aunque momentáneamente reconfortantes, nos impiden reconocer nuestra parte en los problemas que enfrentamos y, por ende, encontrar soluciones efectivas. Ser responsable de tu desastre significa aceptar que lo que haces tiene consecuencias. Es como tirar un huevo al aire: inevitablemente, se romperá cuando caiga. No es obra del destino, no fue el viento que pasó en ese momento, ni que el huevo decidió dejar de ser fuerte. Y definitivamente no fue culpa de la gallina. Es un resultado directo de nuestras acciones. La verdadera valentía no radica en no cometer errores, sino en enfrentarlos cuando ocurren. Reconocer nuestras fallas y asumir la responsabilidad de nuestras acciones es la única manera de romper con los ciclos repetitivos que nos mantienen estáticos. Esta confrontación con uno mismo, aunque a menudo incómoda, es crucial para nuestro crecimiento personal y desarrollo. Al final del día si no eres tú el que limpia tu desastre, nadie más lo va a hacer por ti, ni una religión, ni un psicólogo, ni una pareja va a hacer por ti lo que no estés dispuesto a hacer tú mismo. Cambiar la mentalidad de lástima o autocompasión es fundamental para vivir sin límites. Aunque suene a frase de cajón, debemos dejar de ver las dificultades como impedimentos y comenzar a mirarlas como alternativas para crecer. Además, rodearnos de personas que nos hablen con verdad y nos inspiren a ser mejor siempre lo hará mucho mejor. Este cambio de perspectiva no solo nos permite avanzar, sino que también nos abre un mundo de oportunidades que antes considerábamos fuera de nuestro alcance. Al reconocer y eliminar nuestras justificaciones, evolucionamos. La vida siempre nos enseña en todo momento y al final nos da de vuelta tal como nos corresponde, de nosotros depende decidir tomar o dejar ir. Como dijo el Apóstol Pablo: "Aquel que labra, debe hacerlo con esperanza. El que trilla, debe hacerlo con esperanza de recibir la parte que es debida".