
Se repite la historia

El asesinato de Miguel Uribe, un candidato presidencial, nos lanza de nuevo a una dura realidad que muchos pensaban erradicada. Recordemos las épocas en que la violencia política ensombrecía la vida democrática de nuestro país, donde las balas silenciaban las voces de quienes aspiraban a liderar con propuestas de cambio y esperanza. Este crimen debe ser un llamado de atención urgente para todos: Colombia no puede regresar a esos tiempos oscuros. Desde la llegada del gobierno de Gustavo Petro, se ha abogado por una 'paz total' que, aunque ambiciosa, ha mostrado grietas en su implementación.
Si bien se busca dialogar y negociar con diversos actores armados, es fundamental recordar que este enfoque también puede dejar espacios abiertos para que grupos criminales se fortalezcan, aprovechando la inestabilidad y el vacío de poder. El caso de Miguel Uribe es un claro ejemplo de cómo la violencia persiste y se transforma, adaptándose a nuevas circunstancias y socavando la confianza en nuestras instituciones. Pasaron tres décadas para que se volviera a asesinar a un aspirante presidencial.