Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Se pierde la protección financiera en salud

José J. Vergara Díaz
José J. Vergara Díaz
Columnista
13 de agosto de 2025

En Montería, como en el resto del país, muchas familias asumen de su bolsillo el costo de medicamentos, exámenes o procedimientos. En una emergencia, la prioridad es salvar la vida, pero cuando estos gastos se vuelven frecuentes amenazan la estabilidad económica familiar.

El gasto de bolsillo en salud (GBS) es un indicador clave del nivel de protección financiera que brinda un sistema de salud. En Colombia, este gasto había disminuido en las últimas dos décadas, pero la tendencia se revirtió, y Montería no es la excepción. Extrapolando datos de la Encuesta de Calidad de Vida (ECV) del Dane, se estima que, en 2022, cerca de 3 de cada 10 hogares en Montería reportaban algún gasto mensual en salud, alrededor de $150.000. En 1997, este gasto rondaba los $280.000 en el 60% de los hogares. Reducirlo fue un logro del sistema, pero desde hace dos años el porcentaje habría subido al 38% de los hogares, con un gasto promedio mensual cercano a $190.000, siguiendo la tendencia nacional. La falta de acceso oportuno a medicamentos, citas y procedimientos es causa recurrente de quejas. Según la SuperSalud, Córdoba registró en 2024 un aumento de reclamos, especialmente por la no entrega de medicamentos, afectando directamente a Montería, principal centro urbano y de referencia en salud del departamento. Esta situación obliga a las familias a pagar por servicios que deberían estar garantizados, lo que agrava el riesgo para quienes padecen enfermedades crónicas o requieren procedimientos costosos. El gasto se denomina “catastrófico” cuando un hogar destina el 40% o más de sus ingresos disponibles (tras cubrir necesidades básicas) a servicios médicos. En Montería, la proyección indica que el 2% de los hogares estaría en esta situación, frente al 1,5% estimado en 2022, con tendencia al alza si persisten los cierres de servicios y las fallas en la oportunidad de atención. Históricamente, el sistema de salud colombiano ofrecía cierto amortiguador económico ante una enfermedad, pero esa protección se ha debilitado. Esto puede significar más endeudamiento, abandono de tratamientos o sacrificio de otras necesidades esenciales. Las barreras de acceso hoy pesan más en la calidad de vida, golpeando especialmente a los sectores más vulnerables. Un sistema de salud digno no solo salva vidas: también debe evitar que las familias tengan que elegir entre su salud y su estabilidad económica.