Se creen más grandes
En Latinoamérica, las capitales se perciben más grandes de lo que son, con la excepción de Montevideo. Esta distorsión, impulsada por orgullo y otros factores, contrasta con la exactitud europea.
Por Armando Silva En estudios que dirijo con varios equipos locales sobre percepción ciudadana, todas las capitales de América Latina se creen más grandes de lo que son, con la única excepción de Montevideo, en donde sus ciudadanos viven a su medida. Cuando el exdirector del Dane Daniel Oviedo, muy reconocido a partir de la confianza que logró, publicó las estadísticas de población y dijo que Colombia (2019) apenas llegaba a 48 millones, los ciudadanos se desilusionaron y no daban crédito. Lo mismo sucedió en Bogotá, que apenas llegaba a 7 millones y hoy (2023) no alcanza a los 8. Podría narrar infinidad de anécdotas en las que se dice que Bogotá tiene 15 o supera los 10 millones, y cuando replicamos los datos caprichosos se nos dice: "¿Y es que usted cree en las estadísticas oficiales"? A Maduro le preguntaron en días pasados, su opinión sobre 7 millones de venezolanos que han dejado su país. Dijo: "Si acaso 600.000"; el entrevistador reiteró que en Colombia, donde se llevan con juicio esas cuentas, reportan dos millones y medio. Respondió: "Estás equivocado, es asunto de observar la realidad". Este delirio de no vivir con la realidad numérica es característica de la región. En otras zonas investigadas como Europa, los ciudadanos saben cuántos hay a su alrededor. ¿Por qué nos creemos más grandes de lo que somos? Seguro por varias causas; por ejemplo, que se compita entre Manizales y Pereira cuál es más grande o que São Paulo no sea "la más grande del mundo" puede herir el orgullo ciudadano. Y no se diga otras tentaciones; indígenas y afros en Colombia "se agrandan" para recibir ayuda de gobiernos o asuntos de tierra y poder. La población indígena en Colombia, que en el 2005 era el 2 %, en el 2018 sube al 4,4 (36 %). ¿Qué motivó este cambio sustancial en solo 13 años? El mayor tamaño es bien recibido y apreciado: una persona alta o más fuerte se admira; en Colombia, precisamente, para orgullo patrio, ha subido de tamaño para llegar a tener los varones un promedio de 1,71 y las mujeres avanzan a 1,58. Así que medir 1,78 hombre o 1,65 mujeres es ser alto en esta nación, pero frente a Países Bajos, la más alta, seguimos enanos. No saber las cuentas es, en todo caso, parte de nuestra falta de rigor nacional. Ni se diga lo que nos viene con todas las reformas en curso, donde falsear las cifras será la evidencia, no de la verdad sino de lo que se quiera imponer. Ya Maduro enseña que no importan las estadísticas, sino el buen ojo para deducir la realidad.