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Opinión

Sábado de Lucía

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
6 de diciembre de 2024

El encuentro con el maestro Miguel Emiro, la organización de un congreso musical y un emotivo homenaje a Alejo Durán marcan una jornada llena de música y recuerdos.

Por Ensuncho De La Bárcena Salgo al patio antes de las ocho de la mañana. El maestro Miguel Emiro está tomando jugo, en una silla verde que le sirve de trono. Yo sigo con la misma ropa de la noche, porque no he llegado al lugar donde me hospedaría. Le dedico un ejemplar de mi nuevo libro de poemas y le entrego el periódico de ayer para que lea la columna que le escribí. Al terminar sonríe y comienza a recordar unos versos de juventud. Le respondo con mi poema "Atardecer en el Valle del San Jorge". Cindy me trae café negro y el maestro ordena el desayuno. Entre el cabezaegato, el revoltillo y el suero, me cuenta cómo surgieron Río Sinú y Río San Jorge. Canta sus versos. Insisto en la necesidad de grabarle la entrevista en un estudio, como la que le hizo el rey David a Alejandro, el grande. Vamos a su oficina, que es un Museo de la Banda 19 de Marzo de Laguneta. Cada pieza tiene su historia. Sobre unos libros veo la partitura de "Porro bonito" y me echa el cuento del famoso arreglo. Voy a cambiarme. La musa de la mañana me susurra algunos versos en la ducha y me renuevan sus besos antes de vestirme. Llego a la Casa de la Mujer para "el congresillo" con los miembros del Jurado y los directores de las Bandas participantes. Robin Mario habla de organización, reglas y presupuesto. ¡El niño de "Mi lindo San Marcos" pasó de "Mono malo" a Presidente de la Junta Directiva! Me sorprenden el rigor, la dignidad y el profesionalismo con los que son tratados nuestros músicos: hospedados en hoteles, comiendo sabroso y durmiendo cómodos. Como debe ser. Como músicos profesionales. ¡Aprendan, festivales!. El almuerzo es un delirante sancocho donde el primo, con mi familia Piña. Oramos y reímos, como siempre. Después de la siesta, Leo nos propone hacer la Ruta de Alejo. Vamos felices. Frente a la escultura del Grande, en el Parque de los Juglares, veo a la mujer de anoche, acompañada. Saludo y les pregunto si conocen la tumba del Negro. Ante su respuesta, les invito a que nos acompañen al cementerio. Ella y su amigo aceptan. Nadie tiene que decirme dónde está enterrado Durán. Hace 5 años que no lo visito, pero nunca olvidé aquella primera vez. Lo saludo cantando "La mujer y la primavera" y ocurre el milagro. Del interior de ella sale una voz que nos deja perplejos: es el porro con el que concursará esta noche inolvidable. Unos versos honran a Alejo, el grande. El inmortal. Dios es el guionista perfecto.