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Opinión

Rostros

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
28 de agosto de 2023

El rostro, espejo del alma y campo de batalla de emociones, revela la individualidad en un mundo cada vez más individualista. Un análisis profundo sobre su significado y poder.

Por José Arturo Ealo Gaviria Escribir acerca del rostro, es movilizar infinidad de emociones, es desprenderse de cierta serenidad de la vida cotidiana para hacer frente a momentos que amplían la mirada sobre el mundo. Es exponerse a reuniones que dejan huella. Pero un tema parecido, y en un marco muy restringido, convoca a la humildad. Se plantea una perspectiva corriendo el lance de la insuficiencia, de decir demasiado o no lo suficiente. El rostro es un lugar privilegiado para la aparición de "Lo Otro", bien sea sobre un ángulo positivo como negativo. Esta sugerencia implica un recorrido por una serie de asociaciones. En el rostro se origina el mutuo reconocimiento. Vamos con las manos y el rostro desnudos hasta ofrecer a la mirada de los otros los rasgos que nos identifican y nos llaman. Los cuerpos pueden ser distinguidos por el ojo entrenado tan bien como los rostros, pero no explican las diferencias como lo hace una cara. Se plantea una perspectiva  corriendo  el lance de la insuficiencia,  de decir demasiado o no lo  suficiente. En sociedades, de orden individualista, la supremacía del rostro reina allí donde el reconocimiento de sí o del otro se lleva a partir de lo individual y no a partir de la pertenencia al grupo o de la posición en el seno de una familia. La singularidad del rostro evoca la del hombre, es decir la del individuo, "átomo" de lo social, indiviso, consciente de sí mismo, amo relativo de sus decisiones, sobre todo un «yo» y no un «nosotros». Desde el primer momento el rostro posee sentido. Descifra bajo una forma viva y enigmática el absoluto de una diferencia individual. Pero es ínfima. El rostro es una cifra, en el sentido hermético del término. Es una invitación a comprender el misterio que allí se encierra, a la vez próximo y a la vez insondable. Es la distancia infinita a través de la cual cada ser humano se identifica. Los rostros presentan infinitas variaciones sobre una base simple. Infinidad de formas y de expresiones surgen de un alfabeto con una simpleza desconcertante. La estrechez del espacio del rostro no es óbice para la variedad de combinaciones. Simultáneamente, el rostro acerca a una comunidad social y cultural por la forma de las facciones y de la expresividad, pero también esboza una vía colosal para diferenciar al individuo y traducir su unicidad. A medida que una sociedad concede mayor importancia a la individualidad, aumenta el valor del rostro con aparición de cuerpos nuevos y almas semejantes.