
Ron Catedral

Haroldo Rodríguez explora la arquitectura de Montería y el legado de Jaspe, entre entrevistas, mangos y un nuevo ron. Un encuentro que revela la riqueza cultural y desafíos locales.
Por Andrés Ramos Haroldo Rodríguez, llegó hace unos días de Cartagena, con dos propósitos: hacerle una entrevista al arquitecto Juan Pablo Olmos, sobre la catedral de Montería, y plantar tres hermosos mangos por el bautizo de un sobrino. De Montería partió hacia Medellín, a visitar a su suegra, lo que habla muy bien de él, pero mejor de la suegra. En el ínterin, fui convidado por Olmos para que sirviera de vaquiano del documentalista. Lo llevé a almorzar pollo a la monteriana, en el comedor Misigüai, donde al poco rato apareció el empresario del mármol, Luis Manuel Ramírez Solano, quien muy amablemente nos comentó de su nuevo emprendimiento. Se trata de un Ron, fórmula francesa, parecido a lo que hace más de un siglo trató de producir aquí, Leonce Boiteu, en Marta Magdalena. Todo un reto. Al llegar a mi residencia, encuentro dos bellísimas botellas del elixir en forma de petate – el petate, la mochila compañera, del vaquero que domina la montaña—, una para Haroldo y otra para mí. Inmediatamente, refresqué el gaznate, y reservé lo demás para una tertulia bucólica en casa de Berrocal Escobar. El viejo Rai, reconocido intelectual de la Avenida Primera, anda desafiando a Vespasiano cuando insiste en una nueva forma de totalitarismo, donde el Estado y el sistema mismo, van tarde o temprano a sucumbir en el relativismo, pero algo peor, dirigido por la ignominia frente al otro. Es decir, pasar de la patética inspirada en el superhombre a la del hombre sin atributos. Va un trago. Volviendo a lo de Haroldo; El tipo está tratando de lograr una nueva comprensión sobre Luis Felipe Jaspe Franco. Era obvio que comenzara su búsqueda en Cartagena, pero obligatoriamente tenía que acabar aquí. Jaspe, es el arquetipo del autodidacta, quien, con poca, pero profunda instrucción, supera las barreras teóricas. La época también le favorece, pues coincide con la coyuntura suscitada por el avance de la frontera, que se está dando con bríos desde el período finisecular en el viejo Bolívar y que se ejemplifica en Montería, la nueva capital del Sinú. La muestra patrimonial construida más significativa de la ciudad y la más importante de Jaspe es sin duda la Catedral de San Jerónimo. Olvidada a propósito por los mismos estudiosos de la arquitectura del Caribe, constituye la obra cumbre del arquitecto y el inicio de la consolidación de una élite. La catedral, que demora en estar lista más de una década, simboliza la materialización de un esfuerzo social o lo que llamarían los materialistas históricos, de clase. Va otro, salud. Para el último trago, el del arranque, les quiero contar que el documental va, pero la ruta de Jaspe, apenas comienza.