
Ricos de estrato 1

La señora se crio en un entorno rural, humilde, colindando con la pobreza extrema. Se casó muy joven y a los 19 años tuvo su primer hijo, tarde comparada con su madre, que la parió a los 15. Todas sus amigas parieron siendo menores de edad; por eso le aterra cuando hablan de libertad para abortar.
Siempre trabajaron la tierra; su marido cultivaba patilla, maíz, yuca, arroz y ñame. Ella cultiva todas las hortalizas posibles. Nunca recibieron subsidios: sabían que los había porque su compadre, que nunca sembró, los recibía después de las crecientes. Un político del pueblo le ayudaba a gestionarlo. Nunca tuvieron caballos, sino burros que eran más baratos. Tuvieron dos vacas y nunca más de dos terneros. Sin embargo, siempre les han encantado las corralejas, las carreras a caballo y las peleas de gallo, aunque nunca apuestan. De ahí el disgusto cuando se dijo que las prohibirían. Sienten que son las verdaderas fiestas del pueblo. A su marido se le presentó la oportunidad de alquilar más de 500 hectáreas por 20 años. Vendieron lo que tenían y comenzaron a trabajar esas tierras. Cogían ganado a compañía o alquilaban el pasto a los ganaderos. Pero la guerrilla comenzó a extorsionarlos, a amenazarlos con secuestrarlos, hasta que una noche se presentaron, mataron 3 reses y se llevaron la carne. Eso los metió en un problema con los dueños del ganado. La guerrilla volvió, siguió matando ganado ajeno y la situación se volvió tan insostenible que tuvieron que echar para atrás el negocio del arriendo de la tierra e irse de la zona. Se instalaron en un barrio humilde de la ciudad; entonces supieron que había servicios públicos: agua y luz 24 horas al día y hasta recolección de basuras. Sin embargo, todos los alimentos que en el campo se perdían, aquí valían oro. Sus hijos pudieron estudiar y consiguieron trabajos dignos. Esos niños y los hijos de esos niños crecieron escuchando las historias de cómo lo perdieron todo: hasta el derecho a vivir en la tierra en que nacieron. La pareja llegó a viejos sin pensión. Les tocó vivir de lo que sus hijos les daban. En las pasadas elecciones, desde los abuelos hasta los nietos, fueron votantes acérrimos y ciegos de Abelardo de la Espriella, porque esa derecha no les asusta, no porque sean ricos de estrato 1, sino porque sienten que acabaron con el petrismo y el uribismo con un solo voto.