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Opinión

Resurge la violencia

Miguel Mercado Vergara
Miguel Mercado Vergara
Columnista
7 de marzo de 2025

El resurgimiento de grupos armados en Colombia genera preocupación. La violencia revive temores del pasado, tras procesos de paz. La lucha armada, impulsada por el narcotráfico, es rechazada.

Por Miguel Mercado Vergara Las apariciones de grupos ilegales en muchos sectores del país indica que resurge la violencia. La preocupación se generaliza en la comunidad porque el regreso a situaciones que se creían superadas desmotiva la dinámica que se había construido con base en las manifestaciones pacificadores de organizaciones que creyeron en el uso de las armas como instrumento para avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria. Esa tesis venida en gran medida de las fuentes del viejo marxismo leninismo ha quedado totalmente superada por la propia historia que ha enseñado en todas las regiones del planeta que sólo con  la participación directa y civilizada  del pueblo se pueden alcanzar los lineamientos que conduzcan a modificar o cambiar los regímenes políticos en pos de llegar a mejores estadios de desarrollo y de progreso. La lucha armada y la imposición violenta de métodos de gobierno es historia patria. Aquí en Colombia esa estrategia no es más que una crónica de relatos funestos y sangrientos porque ese es el rastro que dejó su acción devastadora. No es sino evocar los derramamientos de sangre que se produjeron por los asaltos y las tomas protagonizadas por ilusos guerrilleros que se enrolaron en la variedad de agrupaciones que llenaron de luto gran parte del territorio nacional para dimensionar la inmensa tragedia que ha significado la presencia armada en nuestro suelo. Hoy, con el repunte y avance de esa lucha armada en departamentos como el Cauca y los diversos actos violentos que tienen como protagonistas otras agrupaciones de parecida inspiración en muchos sectores del país, renace la preocupación de tiempos que creíamos superados con la suscripción de los procesos de paz que nos llenaron de esperanza. Pero no hay que bajar la guardia. La tarea institucional es luchar contra todos esos brotes que buscan conducir a Colombia a los viejos tiempos de la zozobra. Se sabe que la lucha armada ya no tiene inspiración ideológica sino que se motiva en razón de la cuantiosa fortuna que le genera la alianza con el tráfico de drogas. Nadie cree que ese engendro pueda ser útil para la búsqueda de un cambio en el rumbo del país y mucho menos para moldear una sociedad hacía mejores estadios de convivencia y civilización. Se necesita sí consolidar nuestras instituciones con fundamento en el ordenamiento democrático que nos rige.