
Restauración de la ronda

La Ronda del Sinú, emblema de Montería, inicia trabajos de restauración. Mientras, el país enfrenta un nuevo escándalo por chuzadas telefónicas a magistrados, generando repudio social.
Por Miguel Mercado Vergara Desde hace mucho tiempo siempre se afirmaba que gran parte del embellecimiento urbanístico de Montería estaba ligado a su posicionamiento ribereño dada las ventajas de toda índole que ofrece el río Sinú. La posibilidad de aprovechar el gran trayecto en que el afluente circunda a la ciudad fue anhelo de muchas administraciones locales para llevar a cabo lo que es hoy una realidad: La Ronda del Sinú. La construcción se concretó gracias a la visión progresista de los mandatarios seccionales que tomaron conciencia del salto que daba la capital cordobesa hacia su adelanto urbanístico con esa obra que ya es patrimonio de todos y todos tenemos la obligación de cuidar. Hoy, en buen momento, se han iniciado unas tareas de restauración o reparación de la Ronda en razón del normal deterioro que impone el paso del tiempo. Hay zonas en donde los adoquines están rotos, algunos trechos del piso han cedido produciéndose peligrosos desniveles que ocasionan caídas a los transeúntes y la arboleda que da el gran sombrío que llena de solaz y esparcimiento a los visitantes requiere mantenimiento. La ciudadanía mira con buenos ojos que la "Ronda del Sinú" sea objeto de restauración. Pero vale la ocasión para destacar que la acción oficial debe propender porque las tareas de mantenimiento y cuidado hacia futuro sean permanentes con el fin de lograr que el ornato se conserve y así el embellecimiento paisajístico que ofrece el entorno no desaparezca. La gracia de la ronda está en ese juego que ofrece la naturaleza en donde se involucra el río, la frondosidad de los árboles, la estadía de las aves nativas que, en conjunto, develan un ambiente agradable al ser humano. Por todo eso la ronda hay que mantenerla. Las chuzadas. Nuevamente hay revuelo en el país porque han reaparecido las chuzadas telefónicas a los magistrados de Altas Cortes. El tema causa repudio en todos los estamentos de la sociedad porque involucrar a la administración de justicia en un asunto de esa naturaleza ninguna utilidad tiene, por el contrario, afecta grandemente un sector que cumple una de las funciones más trascendentales en el ámbito de la institucionalidad. No se alcanza a comprender qué motivación tiene chuzar los teléfonos de un magistrado cuya abnegación no es otra que la de servir a la sociedad sin otro propósito que el de cumplir con un deber legal.