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Opinión

Resocialización, pero ¿Con qué?

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
30 de septiembre de 2023

La resocialización en cárceles colombianas enfrenta desafíos. Una visita a una prisión revela la urgencia de ofrecer herramientas educativas y de desarrollo para las reclusas, quienes anhelan un futuro mejor.

Por Glenda K. Fuentes Como penalista y criminóloga soy consciente que la resocialización es un tema fundamental que cada vez cobra relevancia en nuestra sociedad, y no precisamente porque se esté aplicando con éxito, si no por las dificultades que siguen enfrentando las políticas públicas penitenciarias para hacerla viable. Cuando una persona comete un delito en nuestro país y es condenada a prisión, el fin detrás de la sanción penal es la resocialización (Art. 4 , la ley 599 de 2000), es decir que la persona reconozca el daño causado y tenga la oportunidad de rehabilitarse para reincorporarse en la sociedad como parte activa y productiva. Pero ¿cómo puede tener una perspectiva, quien no recibe alternativas y herramientas para que esto sea posible? Recientemente tuve la oportunidad de visitar el pabellón de mujeres del centro penitenciario las Mercedes de la ciudad de Montería y fue una experiencia reveladora. Mientras caminaba hacia este patio pensaba en los errores, en la vida, en los hijos, en la dignidad humana y en que no es el lugar, son las personas. Mi principal objetivo era hablarles sobre derechos humanos y evidenciar que se les estuvieran garantizando sus derechos fundamentales, sin embargo, pronto me di cuenta de que eso no era suficiente. Estas mujeres anhelaban más que solo conocimientos jurídicos, por lo que decidí también contarles sobre libros reflexivos y de resiliencia. Fue inspirador ver cómo sus ojos se iluminaban al escuchar sobre la posibilidad de un mejor futuro, superando los errores. Y es que nada es más fuerte que una mujer que se ha reconstruido a sí misma. Ellas estaban deseosas de recibir información, de estudiar y de trabajar por una nueva vida. Me pidieron que volviera pronto con otras historias, que les llevara un libro de piscicultura para planear emprender, algunas novelas para despejar la mente y una que otra revista espiritual para alimentar el alma. Fue entonces cuando vi frente a frente que no es que no quieran reeducarse, es que no tienen con qué hacerlo. No es suficiente encerrarlas y suministrarles lo básico para su subsistencia, la cárcel únicamente como lugar de sanción no funciona. Debe convertirse necesariamente en un espacio de transformación y crecimiento personal. Para ello es vital contar con la voluntad de nuestros dirigentes y con la construcción de políticas públicas de resocialización que promuevan la lectura, la educación de calidad y la formación de habilidades de acuerdo a los talentos individuales. Detrás de los muros de esta cárcel hay mujeres valiosas y dignas de una nueva oportunidad. Merecen ser vistas por su verdadero potencial y no por el estigma de sus faltas. Tienen el derecho a contar con las herramientas para restaurar sus vidas y escribir una historia que inspire a otros a hacer lo mismo. Como dijo el Psiquiatra Víctor Frankl: "Las ruinas son a menudo las que abren las ventanas para ver el cielo".