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Opinión

¿Repartición de tierras o reforma agraria?

Valmiro Sobrino Oliveros
Valmiro Sobrino Oliveros
Columnista
25 de octubre de 2024

El gobierno colombiano confunde la verdadera reforma agraria, que es industrializar el campo, con la simple entrega de tierras. La industrialización agrícola genera riqueza y empleo.

Por Valmiro Sobrino Oliveros Lo que percibimos a diario es que el gobierno padece de una profunda confusión acerca de lo que es una reforma agraria entendida como un proceso de industrialización del campo para desarrollar el sector primario de la economía como lo han hecho las naciones desarrolladas del mundo (Estados Unidos, Europa, China, Rusia, Japón, etc.) y por eso son naciones ricas; o si por el contrario, cree que repartiendo chicotes de tierras a unos cuantos campesinos, está haciendo reforma agraria. Ya señalé en otros escritos que la reforma agraria es uno de los retos más complejos que tiene nuestro país si quiere algún día ingresar al club de las naciones desarrolladas del mundo. Es muy distinto adjudicarles parcelitas a los campesinos en actos políticos. La reforma agraria es la industrialización del sector agrícola y pecuario. Industrialización del agro significa al contrario de lo que creen en el alto gobierno, convertir al campesino, no en un pequeñito minifundista que en una parcelita de 5 hectáreas regaladas para que pase el resto de su vida con un machete y una pala en la misma pobreza que antes tenía, sino transformarlo en un trabajador industrial en grandes empresas agrícolas como lo está haciendo hoy Brasil. Industrializar el campo significa darle capital agregado a la tierra; vale decir, crear empresa en el agro. Por ejemplo, una empresa de cultivo de 3 mil hectáreas de cacao la cual a su vez crea una empresa de producción de chocolate en la misma finca, eso se llama reforma agraria. Crea cientos de empleos directos e indirectos y, por lo tanto, riqueza. Pero esa reforma agraria así entendida necesita tecnología; maquinaria agrícola tecnificada para sembrar, recoger, procesar y almacenar; es decir, pasar del machete y la pala a las sembradoras automatizadas; las trilladoras; etc. Se necesitan semillas certificadas, insumos agrícolas accesibles, abonos, matamalezas, sistemas tecnificados de riego y sistemas técnicos de almacenamiento. A eso se agrega, la asistencia científica de un ICA que no sea una organización burocrática sino para el campo; créditos cofinanciados, y políticas de mercadeo y sostenimientos de precios al productor. No engañemos a la gente: en Colombia no se está haciendo ninguna reforma agraria. Se están regalando unas parcelas a un grupo pequeño de campesinos y eso es otra cosa con otros fines.