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Opinión

Reminiscencias y evocaciones musicales

Valmiro Sobrino Oliveros
Valmiro Sobrino Oliveros
Columnista
20 de marzo de 2026

Los amigos de mi generación me preguntaban la causa de la desaparición de la música que ha sido convertida hoy en vulgares estridencias comerciales y les contesté: "La sociedad de consumo y las economías de mercado no necesitan música sino ganancias, y cualquier esperpento que puedan venderlo masivamente a una juventud ignara bajo la etiqueta de música, es un buen negocio"; por eso hoy evoco a otros grandes que hicieron de la música un arte y no un ventorro.

A propósito de la muerte de Rafael Ithier y de Willy Colón, publiqué sendos artículos resaltando la grandeza de estos músicos.  Hoy me ocuparé de otros igualmente inmortales. Richie Ray con 81 años y Bobby Cruz con 90 (aún vivos) se acaban de retirar de la música. La salsa brava, pero fina, de conservatorio, se aleja definitivamente de los escenarios y "sonido bestial" solamente se escuchará en adelante en los acetatos. Sonido Bestial es una obra de arte que fusiona la salsa con el jazz con la música de conservatorio; lo dijo Bobby Cruz cuando Richie Ray empezó en el piano a tocarla: "Estaba utilizando piezas acordes disonantes al estilo Stravinsky… una monstruosidad sonora… de digitación con la mano izquierda para las notas graves, los acentos de la derecha sobre las agudas, el final del solo con las dos manos y la otra, la altanería de las trompetas, el solo del timbal y el coro en lo suyo, Vamos tocando como bestias", y de ahí su nombre, ¡Sonido bestial!. Richie Ray estudió en el Conservatorio de Música de Brooklyn, la Juilliard School of Music y la High School of Performing Arts.  De origen puertorriqueño, ambos se conocieron en Brooklyn en el año 60 y esa sociedad musical fue eterna para gloria de la música de altura. Richie dijo de Bobby: "Lo que más me agradó fue esa capacidad de tener siempre confianza en su garganta para poner a gozar a la gente sin necesidad de tanta pirueta…" La verdadera música se vuelve a poner de luto y nos toca, ante el vacío musical de esta época, regresar a los clásicos, así como cuando, enfrente de nuestra biblioteca, regresamos a Homero, a Dante, a Miguel de Cervantes, a Shakespeare, a Balzac o a Dostoievski, porque la grandeza del espíritu y del arte brillará siempre en el Parnaso, en medio de delirantes reminiscencias.