
Regalías en Montería: pequeñas, pero podrían cambiar vidas

En Montería, las regalías llegan cada año como una llovizna suave: refrescan, pero no empapan. Entre 2021 y 2023, el municipio recibió $123 mil millones a precios de 2023. De ese total, $117 mil millones se asignaron a proyectos para reducir necesidades básicas insatisfechas. Sin embargo, casi $70 mil millones terminaron en construcciones deportivas al aire libre, una prioridad que parece pesar más que acueductos rurales o centros de salud.
Aunque las cifras impresionan, su impacto real es modesto. Si se divide lo recibido entre los 402.000 habitantes de la cabecera municipal (cifras Dane), el resultado es de apenas $8.499 mensuales por persona, menos del 0,5% de un salario mínimo. Una gota en el océano. Surge entonces una pregunta inevitable: ¿qué pasaría si esos fondos se entregaran directamente a quienes más los necesitan? Si se repartieran entre las 145.000 personas pobres, cada una recibiría $23.563 mensuales. Para las 38.000 personas en pobreza extrema, el monto sería de $89.912. En el papel, suena alentador. Una persona cuyo ingreso coincide con la línea de pobreza monetaria ($448.025) pasaría a $487.249, lo suficiente para dejar de ser clasificada como pobre. Quien está en la línea de pobreza extrema ($220.097) subiría a $369.768, superando esa condición, aunque seguiría siendo pobre. Los cálculos muestran que estas transferencias alivian, pero no transforman. Algunas personas mejorarían su clasificación estadística; otras apenas sentirían el impacto. El efecto es desigual: unos logran salir del "atolladero" por un tiempo, otros permanecen atrapados. Aquí aparece el punto de fondo. Las regalías no son un motor capaz de cambiarlo todo. Son un recurso modesto, pero valioso, que puede aliviar necesidades puntuales si se usa con criterio. Su impacto depende menos del monto y más de la eficiencia, la visión social y la rendición de cuentas con que se ejecuten. Montería necesita una planeación que priorice el bienestar colectivo y explique con claridad cómo y por qué se invierte cada peso. De lo contrario, las regalías seguirán siendo cifras en informes oficiales, mientras las necesidades reales continúan esperando soluciones concretas. Y quedan unas preguntas incómodas, pero necesarias: ¿Son las canchas y parques la mejor manera de elevar la productividad y el bienestar de quienes viven con lo mínimo? ¿Cuántas de esas personas disfrutan realmente de esas obras?