
Reformas para marchitar a Colombia

El economista Joseph Stiglitz, en su análisis sobre el socialismo, criticó la centralización estatal. Alertó sobre cómo las reformas actuales en salud, pensiones y trabajo en Colombia replican errores, marchitando el país.
Por Jorge Restrepo: En su mejor libro, El Marchitamiento del Socialismo, escrito en 1990 durante el patente final del "gran experimento socialista", el gran economista Joseph Stiglitz analizó el debate entre mercado y socialismo y el papel del gobierno en la economía. Según Stiglitz, ese debate se abordaba de manera errónea: "la pregunta no es cuál modo de producción es superior", si el de la empresa privada o el sector público, sino "cuáles son las ventajas comparativas del gobierno frente al sector privado en la producción". La clave, para entender el asunto, según Stiglitz, es que "el gobierno es diferente de las organizaciones privadas", pues "tiene poderes que aquellas no tienen". Poderes que sí que usan: "los gobiernos no enfrentan y en muchas ocasiones suprimen la competencia, centralizando en una sola organización la toma de decisiones". La clave de la eficiencia está en la competencia, y centralizar decisiones en el gobierno o en comités públicos o cuasi gubernamentales elimina las restricciones que tienen las empresas para hacer mejor las cosas, le quita el poder del mercado al consumidor y se lo traslada al funcionario o al comité y, claro, facilita que las decisiones persigan intereses regionales, gremiales, sindicales (e incluso los favores que benefician a ciertas personas de dudosa ética y estética). Como bien señala Stiglitz en la nuez de su análisis en ese libro: el error fundamental de la economía socialista fue centralizar en el gobierno la toma de decisiones, pues suprimió la restricción que la competencia impone a las organizaciones privadas. Centralizar la producción y prestación de servicios elimina la disciplina de tener que servir los intereses de los usuarios, consumidores, propietarios y gerentes, cuando hay competencia, para no perderlos. Justo esto es lo que buscan hacer las reformas de salud, pensiones y laboral. La de salud no sólo introduce un manual de precios decidido por comités de forma central, sino que dejará el poder para asignar recursos, definir precios y contratos (de trabajo, entre otros) a un comité cuasigubernamental, sin más restricciones que las legales y de los organismos de control. Las "ías". La laboral decide de un plumazo que todo contrato será único, indefinido y rígido. La pensional elimina el ahorro personal para el retiro y la administración empresarial profesional de ese ahorro para millones de trabajadores que ahora verán sus impuestos invertidos por alguien en Colpensiones y solo en deuda pública. Claro, tanto en el sector público como en el privado hay muchos otros problemas que limitan la eficiencia (asimetrías en información, la naturaleza de los servicios y bienes, la función de la propiedad, cómo innovar e invertir). Las reformas no resuelven esos problemas, por el contrario, y en contra de las recomendaciones de Stiglitz, parecen volver dogmas los mitos que marchitaron el socialismo: que el Estado puede planear mejor, que al centralizar se puede gastar mejor y de manera más eficiente y más justa. Esas míticas reformas marchitarán a Colombia. La clave de la eficiencia está en la competencia, y centralizar decisiones en el gobierno o en comités públicos o cuasi gubernamentales.