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Opinión

Reforma en camino

Miguel Mercado Vergara
Miguel Mercado Vergara
Columnista
18 de octubre de 2024

La reforma a la justicia está en camino, buscando celeridad y protección de derechos. La clave, más que modificar códigos, reside en su aplicación efectiva y dotar de recursos.

Por Miguel Mercado Vergara Todo indica que ya está en camino la anunciada reforma a la justicia. Ninguna sociedad puede vivir sin justicia se ha dicho desde el inicio de la humanidad. Los pensadores de las distintas etapas de la civilización siempre han tenido a la justicia como una de las fortalezas sobre las que descansa la idea de la convivencia colectiva. La democracia como herramienta que posibilita la dinámica política no es posible sin un órgano administrador de justicia que opere con eficacia, efectividad, independencia y sea protector de los derechos de quienes integran la sociedad entera. Cada vez que sale a relucir una reforma a la justicia siempre se piensa en la modificación de los códigos vigentes. Dar un vuelco a las codificaciones que rigen la juridicidad es la creencia generalizada. Soy de los que asumo la idea de aquellos entendidos que defienden la tesis de que nuestros estatutos no requieren tales retoques en todas las ocasiones en que se pretenda llevar a cabo una reforma judicial. Lo que se necesita no es hacer trisas los códigos sino aplicarlos, es decir, hacer real el principio de celeridad que está inmerso en sus páginas. O lo que es lo mismo, que se acaten a cabalidad los términos para adoptar las decisiones que a cada litigio le corresponde. Hacer real la cumplida justicia es el deseo generalizado. Si se logra desterrar en la medida de lo posible la mora en el día a día de la justicia con absoluta seguridad se conquista una meta deseada. Sabemos la calidad y cualidades de quienes desempeñan esa misión que, muy a pesar del cúmulo de trabajo y las limitaciones de personal, que son factores determinantes del retardo en las tramitaciones, cumplen sus faenas con esmero y dedicación. A un operador judicial no se le puede exigir lo imposible. Así las cosas, lo urgente es dotar a la rama judicial de las herramientas materiales requeridas para que los jueces, magistrados y fiscales hagan posible el cumplimiento efectivo de los términos. La reforma que está hoy en camino es plausible para lograr una justicia célere estando entre sus propósitos reducir la impunidad, hacer que sea más pronta la justicia penal y proteger a toda costa los derechos de las víctimas. Todo ello debe acompañarse con el equipamiento que posibilite las tareas que acarrea la reforma de ser aprobada.