Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Reflexionemos sobre la tierra

Olga Lucia Bustamante Madrid
Olga Lucia Bustamante Madrid
Columnista
31 de enero de 2024

La tragedia predicha: la buena tierra cede. Los desastres por movimientos de masa en Colombia exigen prevención, pero las entidades competentes actúan tardíamente. Se necesita criterio técnico y ambiental.

Por Iván Bustamante Barrera Cuando en 1931 la escritora Pearl S. Buck en su obra "La Buena Tierra", misma que la lleva en 1938 a ser la primera mujer en recibir el Premio Nobel de Literatura, coloca en labios del protagonista, el señor Wang, la dura sentencia "…Toda nuestra desgracia comenzó cuando la buena tierra se fue debajo de nuestros pies, sin que nos diéramos cuenta". Logra con esto sensibilizar las más altas esferas de poder en Norteamérica y Europa. Fuerte lección nos deja la lectura del párrafo anterior, mientras por contraste, recibimos continuamente noticias sobre derrumbes por movimientos de masas de suelo, y no logramos entender francamente la funcionalidad de los organismos ambientales del Estado, como el Ministerio de medio Ambiente, la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de desastres y de las 33 corporaciones autónomas regionales. Pues desafortunadamente, el panorama que observamos vez con vez es que, al unísono, los organismos referidos en vez de prevenir la ocurrencia de los desastres se limitan "A llorar sobre la leche derramada". Los movimientos en masa han sido estudiados desde finales del siglo 19, lográndose sacar en claro que ellos son predecibles y por tanto susceptibles de prevenir con el concurso de profesionales de la geología, la geotecnia y la ingeniería de suelos. Varios autores han venido insistiendo desde finales del siglo pasado acerca de la conveniencia de cubrir con vegetación los taludes de las vías, en razón al efecto punzante de cada raíz, efecto del palillo de madera en la hamburguesa, y a las fuerzas de arco que se generan en el complejo de raíces de las plantas que crecen en el talud, efecto de una concremalla en cualquier loza. Tan antigua como la Dinastía Ming en China, es el uso de la vegetación para confrontar la agresividad de las lluvias sobre el terreno. Y, aún más, para mantener a la masa de suelo en un régimen de humedad distante de su límite fluido, después del cual el suelo que cuando seco tenía un comportamiento friable, se torna plástico al ganar humedad, y al rebasar el límite líquido pasa a tener comportamiento de fluido y, corre cuesta abajo en un desplazamiento que puede ser planar o rotacional, dependiendo de la morfología de la pendiente y del tipo de suelo. En un país con una topografía tan compleja como Colombia, donde más de un 80 % de nuestro territorio presenta pendientes moderadas a considerables requiere entonces del más depurado criterio técnico para los estudios de impacto ambiental, prefactibilidad y factibilidad de cualquier proyecto vial. Es allí, en el licenciamiento ambiental de tales proyectos, donde los organismos estatales relacionados con el medio ambiente deben echar mano de todas las herramientas de tipo geológico, climático, edafológico y de ecología vegetal que se tengan a mano para no tener que lamentar, lo que bien pudo prevenirse. *Profesor Titular SUE Colombia; Rehabilitación y Conservación de Suelos.