
Reflexionemos colombianos: es por el país, no por un partido o un candidato

Las elecciones de 2026 representan una oportunidad crucial para Colombia. Es momento de superar divisiones y elegir líderes con visión, ética y compromiso para construir un futuro próspero y unido.
Por Silverio José Herrera Caraballo Las próximas elecciones de 2026 son la oportunidad perfecta para que Colombia deje atrás las divisiones, el caos político y los proyectos individuales que han frenado nuestro desarrollo como nación, que abandonemos la idea amañada de los partidos tradicionales y también de los nuevos corroídos por la corrupción, y la de los candidatos líderes desgastados. Es un momento para la reflexión, no solo sobre el pasado reciente, sino sobre el país que queremos construir juntos. En 2022, los desacuerdos y las ambiciones personales de líderes que no supieron ver el panorama completo permitieron la llegada de un gobierno que prometió en campaña un cambio profundo, pero resultó igual de malo o más bien mucho peor que los anteriores de los que despotricaban hasta más no poder. Sin embargo, lo que hemos visto desde entonces es una administración marcada por caudillismo, ego, improvisaciones, desconocimiento de lo público, desprecio por el empresariado, los medios de comunicación, por la fuerza pública y una absoluta falta de resultados concretos. La izquierda tuvo su oportunidad, pero en lugar de aprovecharla para construir un proyecto sólido, dejó al descubierto una serie de improvisaciones y una desconexión preocupante con las verdaderas necesidades del país. El pueblo colombiano necesita unirse, pero no alrededor de un partido o una figura mesiánica, sino de un ideal común: el bienestar colectivo. No se trata de derecha o izquierda, sino de escoger líderes comprometidos, con propuestas viables y una ética intachable. Ya vimos lo que sucede cuando elegimos desde el rechazo, como ocurrió con Rodolfo Hernández (q.e.p.d), quien despertó una esperanza que terminó diluyéndose por su falta de preparación y claridad, por no decir algo que de escribirlo me metería en un problema grande, pero todos lo saben. Los partidos tradicionales no han sido capaces de ofrecer alternativas reales, y el surgimiento de figuras mediáticas genera incertidumbre. No podemos cometer el error de dejar que el desespero nos lleve a elegir candidatos sin preparación, visión y portadores de un proyecto sólido. Colombia necesita líderes con visión, experiencia y, sobre todo, compromiso con el futuro de todos. Es el momento de llamar a la unión. De dejar atrás las rivalidades y enfocarnos en lo que realmente importa: construir un país en el que nuestros hijos puedan crecer con oportunidades, seguridad y esperanza. El cambio no es para un sector ni para un partido; es para Colombia entera. La política no puede seguir siendo un juego de egos ni un campo de batalla. Necesitamos líderes que entiendan que el poder no es un fin, sino un medio para transformar la sociedad. Que 2026 sea el año en el que rompamos con las viejas tradiciones y demos paso a una Colombia más unida, justa y próspera. El futuro de Colombia no está en las manos de los políticos; está en las nuestras. Reflexionemos, participemos y, sobre todo, elijamos con conciencia. Porque esta vez no hay margen de error: el verdadero cambio debe comenzar ahora. ¿Será que esto es mucho pedir?