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Opinión

Reflexión sobre las elecciones en Colombia

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
5 de marzo de 2026

Se acerca la hora de las elecciones en Colombia, lo cual representa una oportunidad crucial para que la ciudadanía decida el tipo de gobierno que regirá el país durante los próximos cuatro años a nivel nacional. En primera instancia, el 8 de marzo se elegirá la rama Legislativa y, entre 84 y 105 días después, en caso de segunda vuelta, se escogerá al presidente y vicepresidente de la república. Este proceso resulta especialmente relevante porque, a medida que avanza, se va definiendo con mayor claridad qué tipo de Estado y gobierno buscan imponerse en el panorama nacional y mundial.

La llamada Guerra Fría, surgida tras la Segunda Guerra Mundial y que culminó en 1989 con la caída del Muro de Berlín, dio paso a un sistema de desarrollo tecnológico que integró mercados y llevó a los líderes mundiales a considerar la integración económica como el camino a seguir. Sin embargo, mientras esto ocurría, el frente ideológico y religioso también avanzaba. Un ejemplo claro de esto es Irán, donde la revolución de 1979 terminó con el poder del Sha y dio paso a la dictadura de los ayatolas, instaurando un régimen de terror, especialmente contra las mujeres, quienes fueron oprimidas, y reprimiendo con violencia las protestas de la población. En América Latina, el caso de Cuba es ilustrativo: tras setenta años de dictadura, su población vive en la pobreza y carece de libertad de expresión. Más cerca de nosotros, Venezuela atraviesa una situación similar; con casi treinta años de dictadura, la riqueza nacional se ha esfumado, la protesta ha sido reprimida violentamente y cerca de nueve millones de personas han sido expulsadas, deambulando por la región y el mundo. Sin embargo, la historia no termina allí. Es fundamental que, dentro del país, cada ciudadano se sacuda mentalmente, realice un ejercicio de "contrición" y demuestre independencia, capacidad y carácter para decidir qué es lo más conveniente para sí mismo, su familia y la sociedad. Es importante considerar que quienes se eligen para ocupar cargos en los órganos de poder deben ser personas íntegras en dos sentidos: contar con la preparación y formación necesarias para el cargo al que aspiran, y poseer don de gentes, colocando por encima de sus propios intereses los de quienes los eligen y los del país, evitando caer en la demagogia de prometer lo imposible solo por retórica electoral. Está entonces en manos de la ciudadanía definir no solo el futuro de los próximos cuatro años del país, sino también la vida de años y décadas venideros. Dependiendo de las políticas que se elijan, representadas por partidos y personas, Colombia podrá avanzar con honor hacia la primacía entre los países desarrollados, respetando las reglas del juego democrático y evitando atajos que perjudiquen el camino hacia ese objetivo.