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Opinión

Reencuentros decembrinos

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
4 de enero de 2024

Los reencuentros familiares y de amigos marcan la magia de la Navidad. Desde viajes transoceánicos hasta encuentros cercanos, estas experiencias fortalecen vínculos y dejan recuerdos imborrables.

Por José Armando Benítez Tuirán De todos los elementos que hacen especiales, encantadoras y fascinantes las fiestas navideñas y de fin de año, hay uno que destaca por su poder para quedarse durante mucho tiempo en la vitrina de nuestra memoria: los reencuentros. Hay reencuentros que requieren un gran esfuerzo, planeación y presupuesto, como aquellos en los que se hace necesario atravesar un océano o alguna frontera para que se lleven a cabo, como el que tuve con mi hermano y mis sobrinas colombianas en estas navidades. Hay otros cuya distancia no es significativa y por ser tan obvios, quizás, se van aplazando demasiado, como el que tuve con una de mis sobrinas catalanas, que viviendo en el pueblo de al lado, ya hacía más de un año que no la veía. Hay reencuentros que se han ido repitiendo constantemente a lo largo del año, como con los tíos, mi hermana y mi cuñado, que viven en Barcelona, y con quiénes siempre contamos para compartir estas fechas especiales. Hay también reencuentros con los amigos, gente de tu misma tribu, una tribu que cada uno de nosotros, ha ido construyendo con amistades de una y de otra parte y que terminan convirtiéndose en parte de la familia. En todo caso, los reencuentros navideños son una parte importante de la esencia de estas celebraciones, pues qué es la vida; sino poder compartir con los queridos una comida, un trago, un café, unas risas, un momento. Tal vez reencontrarnos con los que queremos, es también reencontrarnos con una parte de nosotros mismos. Es volver a ver a la gente que nos hace felices, a los que hacen nuestra vida más llevadera y que le proporcionan sentido a la misma. Infortunadamente hay reencuentros frustrados, aquellos que la distancia, el tiempo, las enfermedades o algún otro factor, se han encargado de impedir y que nos llenan de tristeza, pues las ausencias, por más que sean momentáneas, siempre duelen, siempre golpean nuestro alborozo. Ahora que ya casi han terminado las celebraciones, tal vez sea el momento para planear nuevos reencuentros en este año que acaba de iniciar. Compartir siempre es un acto gratificante, compartir tiempo con los nuestros, debe serlo aún más. Que este 2024 nos traiga a todos una avalancha de reencuentros anhelados, de tiempo compartido y disfrutado con la gente que amamos. Y si hace falta, que también podamos reencontrarnos con nosotros mismos.