
Reducir el desempleo y la informalidad, el reto de la Reforma laboral

Colombia enfrenta un persistente problema laboral. La informalidad y el desempleo, con un 9,3% en junio de 2023, desafían la Reforma Laboral de Petro. Expertos advierten sobre la pérdida de empleos.
Por Saray Robayo Bechara Colombia tiene un problema laboral que arrastra desde comienzos del año 2.000. Un problema estructural que debe ser analizado en sus múltiples aristas y requiere entender su comportamiento histórico. La tasa de desempleo en junio de 2023 fue de 9,3 %, con un total de ocupados del 58,3%, sin embargo y pese al mejoramiento y la caída del desempleo a un dígito, la informalidad sigue siendo alta. Hoy 8 de cada 10 colombianos listos para emplearse no encuentran la oportunidad de trabajar y vincularse a un empleo formal. Estas dos tasas, la de desempleo y la de informalidad, son fundamentales para entender la situación laboral colombiana. Por ejemplo, en 2005 la tasa de desempleo se situó en un 13,4%, mientras que en 2014 disminuyó a 9,1%. De otro lado, la tasa de informalidad en 2005 fue de 58,8%, pero en 2014 descendió a un 48,2% y en 2019, registró su punto más bajo, con un 46,5%. Sin embargo, la pandemia en 2020 alteró esta tendencia y nos llevó a niveles de hace 20 años. El Gobierno del Presidente Petro con su Ministra Gloria Inés Ramírez a la cabeza, se han lanzado a la aventura de sacar adelante una Reforma Laboral, que tal como ella lo afirmó, "no apunta a crear nuevos empleos", sino a regular y a cumplir con unos compromisos para ponerse a tono con la Organización Internacional del Trabajo. Sin embargo, hay muchas dudas y reparos de los expertos que señalan que la reforma lejos de crear empleo puede atentar con los ya existentes y lo que más genera preocupación está en el incremento en los costos laborales, la rigidez de la contratación, la prohibición de pactos colectivos no sindicalizados y la huelga indefinida. Los estudios realizados por expertos de los diferentes actores son claros en evidenciar que esta reforma incrementa los costos laborales. El Banco de la República advierte que en promedio se pueden perder 450.000 empleos, con el agravante que en el peor de los escenarios, la cifra podría llegar a 746.000 pero puede empeorar porque este cálculo no contempla el efecto de la tercerización. En ese sentido, la Reforma Laboral que no tuvo debate la legislatura pasada y ahora la vuelve a presentar el Gobierno para debatirla en el Congreso, debería estar encaminada, no a fortalecer al empleado que ya goza de una seguridad laboral, sino para abrir nuevas y numerosas plazas de trabajo para esos jóvenes, mujeres y hombres que están terminando sus estudios y no ven en el horizonte dónde poder emplearse y si se sienten que fueron engañados con promesas etéreas que se quedan en el discurso. Otro de los puntos que se deben tener en cuenta en la reforma es lo que está pasando en la academia, para reorientar la formación de las nuevas generaciones hacia las carreras que requieren los mercados y más ahora que ya estamos inmersos en la era de la "Inteligencia Artificial", que comienza a verse por algunos como una amenaza directa para profesiones y empleos que tendrán que replantearse desde las empresas e industrias y que no da espera, porque el futuro es ahora. Una cosa es clara, no se pueden hacer reformas que solo impongan obligaciones a los empresarios, hay que buscar nuevas estrategias que permitan verdaderas soluciones para el desempleo y la informalidad. El gobierno no puede perder de vista el anémico crecimiento que nos espera, proyectado en 1,2% para este 2023 que nos puede crear serios problemas de aumento en el desempleo.