
Recuerdos literarios

Hace dos décadas, Eafit publicó los cuentos completos de Germán Espinosa. Tras el reconocimiento de la Unesco y Francia, su obra, de lenguaje único, sigue vigente.
Por Álvaro Bustos González* Hace 20 años, y parece que fue ayer, la Universidad Eafit editó con lujo de detalles los cuentos completos de Germán Espinosa en un libro de pasta dura que trae, a manera de frontispicio, un lienzo al óleo de Tiziano: El triunfo de Baco y Ariadna, como si las victorias tardías de Germán en el campo de la literatura, justísimas por lo demás, tuvieran que ver con el hilo de Ariadna, que une a las almas que se aman, y con los efluvios de Baco, que caen como sutiles partículas de la vid sobre los espíritus sensibles de todas las épocas. Luego de que la Unesco hubiera ungido a La tejedora de coronas como una obra representativa de las letras humanas, y que el Ministerio de Cultura de Francia le hubiera concedido a Espinosa la Orden de Caballero de las Artes y las Letras, le quedaba muy difícil a sus detractores, que los tuvo a porrillo, desconocer la valía intrínseca de una obra fundada en el mejor lenguaje que se escribió en el siglo XX en español, heredero del Modernismo encarnado en Rubén Darío, ajeno a la imaginería mágica predominante, pero aferrado, en su caso, a lo fantástico, lo histórico y lo psicológico. En esa compilación de Eafit se encuentran, con un prólogo explicativo de cada segmento, La noche de la trapa, Los doce infiernos, Noticias de un convento frente al mar, El naipe negro y Romanza para murciélagos, libros en los que campea un interés filosófico y cierta conexión entre las cosas y las ideas, por donde se deslizan con pudorosa desnudez unas bellísimas e inusuales palabras, propias de un férreo amante del idioma, y unos finales inesperados que brotan con la naturalidad con que un botafumeiro esparce su aroma misterioso. Ido Germán de este mundo, habiendo ganado el premio nacional de literatura en 2002 por la votación de sus miles de callados lectores, que se hallaban desperdigados en universidades y academias, quedó el legado de una obra maciza, no apropiada para analfabetas, con la virtud agregada de no haber sucumbido a las corrientes prevalentes de su tiempo, sino sujeta a unas vigorosas convicciones en las que predominaba el sentido de lo universal, en términos culturales y científicos, por encima de lo banal y anecdótico. Honra y prez a este eximio e incomparable escritor, castizo a morir, relegado por la envidia y el miedo a su grandeza. *Decano, FCS, Unisinú-EBZ-.