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Opinión

Recuérdales: ¡Eviten polémicas políticas!

Carlos Rodríguez Santos
Carlos Rodríguez Santos
Columnista
16 de noviembre de 2024

El análisis de la carta de Pablo a Tito (capítulo 3) revela sorprendentes paralelismos con la sociedad colombiana. Un llamado a la reflexión sobre deberes religiosos y comportamientos sociales.

Por Carlos Rodríguez Santos El miércoles pasado, la Primera Lectura trataba de la carta de Pablo a Tito, Capítulo 3 y me llamó la atención, porque pareciera que se trata más bien de una carta a nosotros los colombianos. Vale transcribirla del versículo 1 al 11: "1. Recuerda a los creyentes que se sometan a los jefes y a las autoridades, que sepan obedecer, y estén listos para todo lo que sirve. 2. Que no insulten a nadie, que sean pacíficos y comprensivos y traten a todos con toda cortesía. 3. Pues también nosotros fuimos de esos que no piensan y viven sin disciplina: andábamos descarriados, esclavos de nuestros deseos, buscando siempre el placer. Vivíamos en la malicia y la envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros. 4. Pero se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres. 5. No se fijó en lo bueno que hubiéramos hecho, sino que tuvo misericordia de nosotros y nos salvó. En el bautismo volvimos a nacer y fuimos renovados por el Espíritu Santo. 6. Que Dios derramó sobre nosotros por Cristo Jesús, nuestro Salvador. 7. Habiendo sido reformados por gracia, esperamos ahora nuestra herencia, la vida eterna. 8. Una cosa es cierta, y en ella debes insistir: los que creen en Dios han de destacarse en el bien que puedan hacer. Ahí está lo bueno y lo que realmente aprovecha a la sociedad. 9. Evita, en cambio, las cuestiones tontas, las genealogías, las discusiones y polémicas a propósito de la Ley; no son ni útiles ni importantes. 10. Reprende al que deforma el mensaje. Después de dos advertencias, romperás con él. 11. Considerando que un hombre así está pervertido y peca y él mismo se condena". Esta carta, indudablemente, es para el pueblo colombiano que es culturalmente religioso, aunque la corte a punta de sentencia diga lo contrario, pues, reto a sus miembros si no han recibido, siquiera, un sacramento y ¡no hay un municipio que no tenga un Templo y no lleve el nombre de un Santo o de la Virgen y el que no lo lleva, porque tiene nombre de aborigen! Pues bien, como pueblo cristiano es momento de reflexionar sobre esta carta, que nos enseña nuestros deberes respecto a la autoridad y al prójimo. Se las dejo allí.