
Recordar es mantener viva la memoria

El recuerdo, anclado en la memoria, revive vivencias y emociones. Explorar el pasado nos define, conectando con experiencias que atesoramos en el corazón.
Por José Arturo Ealo Gaviria Cuando hablamos con familiares o amistades muy allegados, algunas veces se invitan a ciertas vivencias del pasado guardadas en la memoria, cuya función es la de recibir, retener, reconocer y recordar. El recuerdo, convida desde el pasado una idea, una experiencia, un sentimiento o algo que ya se ha vivido, fijarlo una vez más en el presente, y reconocerlo como nuestro, es decir, como algo que nos ha sucedido. Recordar es como si se presentara la posibilidad de vivir muchas veces un mismo hecho, pero sin necesidad de repetir la circunstancia, porque esa función psicológica es la que nos permite rehacer el escenario. Algunos hechos se olvidan, pero la otra persona hace que recuerde y surge una frase: "Es verdad…" Para revivir esos instantes únicos debemos hacer memoria. Nos prendemos a ella. Cada recuerdo viene impregnado de una gran carga emocional. Nos hace sentir como si estuviéramos inmersos en dicha escena pasada. Los recuerdos son fragmentos que guardamos de momentos vividos, experiencias que nos definen y nos conectan con el pasado. Son tesoros que, aunque el tiempo transforme, siempre permanecen en nuestro corazón. Revivirlos nos permite entender quiénes somos y valoramos lo que hemos sido. Puedes cerrar ahora mismo los ojos a la realidad pero no a los recuerdos. Son una forma de aferrarte a las cosas que aprecias, las cosas que eres, las cosas que no quieres perder. Te estimula la memoria. Sientes emociones. Recordar eventos pasados ayuda a mantener un cerebro activo. Por otra parte, otras acciones como hablar del pasado, recordar a los abuelos, etc., pueden ayudar a mantener a que la memoria permanezca intacta. El recuerdo es aquello de nosotros que no aprueba la muerte. Lo que normalmente puede parecernos indiferente, absurdo o sin sentido alguno, de pronto se tiñe, se vuelve coloreado, tiene sentido. Ahora ya sabemos por qué hacemos las cosas, para qué las hacemos. En síntesis, nuestra revolución sería un saber vivir a través de la memoria, un saber construir a través de la imaginación, para poder Ser. El recuerdo pertenece a lo que estamos viviendo ahora mismo, y este recuerdo está ceñido a aquello sobre lo que ponemos nuestra atención y nos interesa. Lo claro son los recuerdos: una experiencia exquisita que el alma, en el curso de los siglos atesoró, guardó y, en un momento dado, como una ventana a lo superior. Regresa y nos ilumina.