
Realizaciones, no meras promesas

La contienda electoral por gobernaciones y alcaldías enciende el ambiente político. Candidatos de diversas ideologías compiten por el favor popular, prometiendo cambios y soluciones.
Por Miguel Mercado Vergara Está en pleno fragor la puja por las gobernaciones y alcaldías, amén de la lucha de los aspirantes por alcanzar una curul en la Asamblea departamental y los concejos municipales. Es decir, el ambiente político en todas las regiones del país ya está al rojo vivo. No hay lugar de la patria en donde no esté en juego la predilección y simpatía por cada candidato. Los hay de todos los colores y sabores. Viejos o veteranos, adultos, mayores y jóvenes se la juegan toda por atraer adeptos que sumen para alcanzar la victoria. Nuestra democracia es grande y generosa. Tiene un amplio campo bien abierto y sin restricciones para que los aspirantes que están en la contienda se muevan sin limitación por todos los espacios donde puedan exponer sus ideas, planes, proyectos y propuestas que cada quien y a su arbitrio quiera aceptar. Hoy todo ha cambiado. El pueblo y las grandes comunidades urbanas y rurales tienen otra visión de la realidad que los circunda. La vieja usanza del aspirante que se les acercaba era llevar el mensaje de la volqueta de balastro y la plancha de zinc o el ciento de bloques. Culminado el debate nunca más se les veía por la vereda, la barriada o el poblado. Esa manera recortada de hacer política hoy tiene enterrado a más de uno. Ya no dan más. La nueva concepción tiene que ser la de proponer y cumplir. La de las grandes realizaciones y no meras promesas. La de la audacia por derrotar todo el ancestral atraso que ha mantenido a poblaciones enteras sumidas en el subdesarrollo y en la miserable condición de no contar con los mínimos servicios que le permitan vivir civilizadamente. Esa nueva visión de la actividad política tiene que estar íntimamente ligada con una verdadera vocación de servicio a la comunidad, esa misma que necesita del arrojo del vocero que busca su apoyo en estos tiempos electorales. La juventud que hoy se abre paso para conquistar los cargos de dirigencia social y comunitaria tiene que ir dispuesta a servir y no a lograr beneficios personales o a lucrarse de los dineros públicos. Nuestros pueblos y ciudades avanzan si la nueva dirigencia llega sin los vicios que todos conocemos. La consigna con nuestro voto es impedir que ello ocurra.