
Realidades

El poder del pensamiento moldea nuestra realidad. Un enfoque positivo atrae oportunidades, mientras que la negatividad oscurece el día. Fomentar el libre pensamiento y la empatía, clave para el bienestar.
Por Olga Bustamante Madrid Tenemos a nuestra disposición una cantidad maravillosa de palabras, gestos, actitudes y sentires, que solo necesitan un clic para encenderse. Pero ese clic se estimula con un pensamiento. Es necesario que entendamos que podríamos poner en marcha mejores momentos, si hacemos consciente lo que pensamos. Si al abrir los ojos al despertar, el primer pensamiento es de aburrimiento, ese será el tono, la nota, que caracterizará el día con un color gris. Y todo parecerá difícil, inalcanzable y tedioso. Si por el contrario me regalo una sonrisa, un saludo, agradecimiento y sensación de bienestar, con una expresión cargada de ánimo, positivismo y cariño, póngale la firma que el sol brillará. Aparecerán oportunidades, soluciones y respuestas. Somos energía, somos como un imán que atrae otras energías iguales. Esto debería enseñarse y practicarse en el hogar desde la niñez. No podemos diseñar a los hijos, pero sí mostrarles el camino, darles herramientas. Estos nacen con rasgos psicológicos que van surgiendo en su proceso de maduración, pero están influenciados por el medio, la familia, profesores, compañeros… Estimularlos a que descubran otros caminos les permitirá crecer con más confianza y menos miedo. Otra realidad que debemos estimular para que se maneje de manera consciente, es la autonomía del libre pensamiento en cada persona. Con la claridad motivacional del respeto mutuo de la mano de la verdad. Jugando podemos inculcar principios, verdades, buenos modales, buen trato, y el manejo adecuado de las emociones. Se evitaría el matoneo si cada joven tuviera la noción del libre pensamiento, decisión, respeto y verdad. También pondría freno al sabotaje entre jóvenes, la comprensión desde muy niños, de la validez de las diferencias entre las personas. Entender que no hay personas mejores o peores, que son experiencias disponibles para todos en cualquier momento. No se es rico o pobre, es una experiencia fluctuante que hoy le toca vivir a unos, mañana quizá sea mí lección de vida. La existencia nos enfrenta a todos a las mismas condiciones para que descubramos fortalezas y debilidades, la grandeza o pequeñez del corazón, y así, poder crecer. La calidad humana se aprende enfrentando experiencias que sacan a flote de qué estamos hechos. Cada fogueo con la adversidad señala nuestro verdadero talante. No somos quienes creemos ser. Albergamos en nosotros mismos lo mejor y lo peor, y se manifiesta aquello a lo que le damos fuerza, a lo que fomentamos y alimentamos. ¿Qué estamos nutriendo?