
Rasputín

En Colombia, la llegada de Armando Benedetti a la Casa de Nariño desató una crisis política. Comparado con Rasputín, su influencia y las decisiones presidenciales generan controversia y renuncias ministeriales.
Por Rafael Hernández Mestra A través de la historia de la humanidad siempre han existido personas nefastas e intrigantes en los gobiernos, en las Cortes Palaciegas y hasta en la iglesia, pues son conocidas todas las intrigas y los celos que se dan en el Vaticano, donde se ha insinuado que hasta han envenenado algunos Papas. En la época de los zares en Rusia, existió un personaje en el reinado de Nicolás II, que se convirtió en su consejero espiritual y de su esposa Alejandra. Fue Rasputín, un campesino con dotes de místico y senador, que fue asesinado por miembros de la nobleza que veían que su influencia era nefasta para la corona y para Rusia, pues su cercana relación con la Zarina y su notable influencia en las decisiones de estado causaron el disgusto de la clase noble, lo que motivó la conspiración y sucesivamente el atentado y muerte de Rasputín. En ruso, para muchos filólogos, Rasputín significa "El depravador". Pues bien, al parecer el gobierno colombiano también tiene su Rasputín y eso se vio desde el principio del mes cuando con la llegada a la casa de Nariño, de Armando Benedetti como jefe de despacho (cargo que no existe oficialmente), desencadenó un terremoto político en el gobierno cuyas consecuencias aún están por verse. De paso, desnudó una crisis interna por cuenta de un grupo de ministros de izquierda que pretende alejar al presidente de todo lo que no forma parte del progresismo. El salto de Armando Benedetti de la asesoría a la jefatura de despacho, después de renunciar a la FAO encendió las alarmas en la Casa de Nariño, especialmente en la izquierda, que venía ganando terreno y se sintió amenazada por el tradicional y "vivo" político barranquillero. Y toda la crisis se agudizó por la "brillante" idea del presidente de hacer al aire, en televisión, un Concejo de Ministros que normalmente son secretos y confidenciales, ya que ahí se tratan asuntos de Estado. ¡Ahí fue Troya! La desbandada de renuncias de ministros y altos dignatarios no se hizo esperar, mostrando su descontento por la llegada de Benedetti al gobierno y a hablarle al oído al Presidente. Y, en medio de esa crisis de gobernabilidad, y el descuadernamiento del orden público en el país, en especial en el Catatumbo, el presidente le pidió la renuncia al resto de ministros y se fue a Dubái. No es extraño, pues se dice que cuando Roma ardía, Nerón tocaba la cítara.