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Opinión

Raponazo descarado y antidemocrático

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
5 de agosto de 2024

En Venezuela, las elecciones son una fachada. El régimen manipula el proceso, controla el CNE y persigue a la oposición, socavando la democracia y la credibilidad electoral.

Por Félix Manzur Jattin En Venezuela, la noción de elecciones democráticas ha sido distorsionada y manipulada por un régimen que se aferra al poder a cualquier costo. A pesar de las proclamaciones oficiales de procesos electorales justos y transparentes, la realidad pinta un panorama muy distinto, donde la democracia es solo una fachada. El término "mamola" refleja el escepticismo y la incredulidad del pueblo venezolano ante la posibilidad de elecciones libres. Desde hace años, las elecciones en Venezuela han estado marcadas por irregularidades, convirtiéndolas en un mero espectáculo diseñado para legitimar un gobierno autoritario. Las tácticas del régimen incluyen el control sobre el Consejo Nacional Electoral (CNE), encargado de supervisar los comicios. Este organismo, en teoría independiente, está dominado por figuras afines al gobierno, lo que garantiza resultados favorables al oficialismo. La falta de transparencia y la manipulación de los votos son prácticas comunes que socavan la credibilidad del proceso electoral. Además, la oposición se enfrenta a enormes obstáculos. Sus líderes son perseguidos, encarcelados o inhabilitados políticamente, dejando al electorado con pocas opciones reales. Las campañas de los candidatos opositores son saboteadas, y los medios de comunicación independientes, que podrían ofrecer una visión imparcial, son silenciados o censurados. La situación económica y social del país también juega un papel crucial en este contexto. La crisis humanitaria, caracterizada por la escasez de alimentos, medicinas y servicios básicos, ha dejado a la población en un estado de desesperación. Esta desesperanza es utilizada por el régimen para coaccionar a los votantes, ofreciéndoles ayudas y beneficios a cambio de su apoyo en las urnas. El control del gobierno sobre las Fuerzas Armadas y los grupos paramilitares también contribuye a mantener un clima de miedo e intimidación. La presencia de estos actores en las calles durante las elecciones es una clara señal de la falta de seguridad y de la coerción a la que están sometidos los votantes. En resumen, las elecciones en Venezuela no pueden ser consideradas democráticas en el sentido pleno de la palabra. Son procesos viciados y controlados que sirven para perpetuar un régimen autoritario. La esperanza de un cambio real y democrático sigue siendo un anhelo distante para muchos venezolanos, quienes, a pesar de todo, continúan luchando por un futuro mejor y más libre.