
Quedan pocas niñas: adiós a la niña Mati

Los pueblos se están quedando sin 'niñas', no hablo de la niñez, me refiero a esa especie de título nobiliario que confiere una dignidad dentro de las sociedades del Caribe Meridiano, y que está asociado con la representación de las familias tradicionales e influyentes.
Los pueblos se están quedando sin 'niñas', no hablo de la niñez, me refiero a esa especie de título nobiliario que confiere una dignidad dentro de las sociedades del Caribe Meridiano, y que está asociado con la representación de las familias tradicionales e influyentes. En cada pueblo existían mujeres jóvenes con la distinción honorífica de 'niñas'. Al parecer comenzó como un intento por diferenciarlas de sus madres a las que llamaban 'Doñas'. Sin embargo, se hicieron adultas y no pasaron a ser 'Doñas', apareció ese extraño fenómeno real mágico de continuar llamándolas "niñas" hasta su vejez. García Márquez recoge el término varias veces en Crónica de una muerte anunciada, el más recordado, cuando Santiago Nasar dice: "Que me mataron niña Wene". En el Caribe Meridiano hubo muchas niñas, algunas con gran influencia en la región. La niña Clara, la niña Dilia, la niña Temi, la niña Díaz, la niña Berti, la niña Aura, la niña Rosa, la niña Juana, y mil más, que no tendría espacio para rememorar, pero que también merecen ser recordadas. Hoy se cumple el novenario de la niña Mati. Ana Matilde Flores, matrona de Buenavista, pionera del comercio en el San Jorge y uno de los últimos ejemplos vivos del trabajo digno, abnegado y silencioso de la mujer rural. La niña Mati fue una persona honesta. Junto a su esposo, Alfonso Marino, construyó un emporio ganadero y montó el almacén el Oasis. Una mujer humilde que vivió de manera austera, alejada de la pompa y de los excesos que bien se hubiese podido permitir. Un ejemplo para aquellos que vivimos quizás por encima de nuestras posibilidades. En una ocasión la acompañé a una cita médica en Cartagena. De regreso me invitó a almorzar, le dije que no, que ese restaurante era muy caro, pero insistió y paramos a comer. Ella pensaba que yo exageraba. Cuando trajeron la cuenta pagó, y en silencio subimos al carro, entonces dijo, dirigiéndose al chofer, "arranca Mario, no vuelvo aquí ni a recoger los pasos". Los tres soltamos una carcajada que duró el resto del trayecto. Hace poco escribí un homenaje a sus 95 años de vida, hoy escribo para despedirla. Y también para homenajear en vida a aquellas mujeres que los pueblos del Caribe Meridiano han conferido la dignidad de "niñas" y que, por ley de vida, están en vía de extinción. Que Dios las bendiga. Y que conceda el descanso eterno a la niña Mati. Que seguramente se marchó sin recoger sus pasos por aquel restaurante caro.