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Opinión

Que no se roben la plata de la alimentación escolar

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
1 de febrero de 2024

El Plan de Alimentación Escolar (PAE) debe funcionar desde el inicio de clases. Padres y entes territoriales deben garantizar alimentos de calidad y vigilar los recursos para evitar desvíos.

Por José Armando Benítez Tuirán En estos inicios escolares es muy importante estar pendiente de cómo se va a desarrollar en cada municipio el Plan de Alimentación Escolar, PAE. Históricamente siempre comienza tarde, aludiendo a un problema burocrático y de tiempos, pero lo cierto, es que ya los entes territoriales deberían tener la suficiente experiencia y previsión para que los estudiantes reciban los alimentos desde el primer día de clases. Como no ocurre así, es deber de las juntas de padres de familia presionar a las administraciones, para que no haya tanta demora en la puesta en funcionamiento de los comedores. No hace falta explicar la importancia de este programa. Todos la conocemos. Y por eso, debemos estar vigilantes para que esos recursos que son destinados a complementar la alimentación de nuestros pequeños no terminen en los bolsillos de unos cuantos. Una vez de inicio el PAE, no debe haber ningún día de descanso en el control de los alimentos que dan a los estudiantes. Con las nuevas tecnologías, es fácil hacer un seguimiento fotográfico diario de lo que reciben los niños como raciones. Este material sería muy importante en aras de la transparencia de los dineros destinados a este importante programa. No puede haber contemplaciones en este asunto. La plata de la comida de los estudiantes debe ser sagrada. Nadie debería enriquecerse a expensas del hambre de nuestra niñez. Cada peso que se roban en este programa es un bocado de comida que sacan de la boca de un niño, del futuro de nuestros pueblos y ciudades. Qué bueno sería estar hablando de una cobertura total, de raciones completas y equilibradas nutricionalmente, pero lejos estamos de llegar a esos estándares de cantidad y calidad. Por ahora deberíamos conformarnos con que, lo que esté contratado, llegue a los platos de los estudiantes de manera correcta. Los alcaldes deberían volcar sus esfuerzos en ofrecer un plato, abundante y balanceado, de comida al día a cada estudiante necesitado de su municipio. Las juntas de padres de familia deberían estar activas todo el año y ser las encargadas de preparar esos alimentos. Así mismo, comerciantes, ganaderos, agricultores, pescadores y ciudadanía en general podrían ayudar en el suministro a bajo costo de la materia prima para llevar un almuerzo digno a cada estudiante cada día de clases. No esperemos milagros, pero tampoco dejemos que los ladrones de cuello blanco se roben la plata de la alimentación escolar.