
¿Qué esperamos de estas elecciones?

Este ocho de marzo hay muchas cosas más que una simple elección de congresistas. Obviamente, una elección para ocupar los escaños de 102 senadores y 188 representantes a la Cámara (incluyendo, además de las circunscripciones electorales por departamentos, las especiales de afrodescendientes, indígenas y las curules de paz y la de colombianos en el exterior) ocupa principalmente la atención nacional porque se trata de conformar un congreso en un momento en que las fuerzas de la izquierda, de la derecha y del llamado centro se van a contar voto por voto para establecer qué fuerzas dominarán durante los próximos cuatro años las mayorías en el Congreso de la República.
Una marejada de encuestas, obviamente hecha cada una al acomodo de los intereses del grupo o partido encuestador, más que orientar al electorado. Lo que hacen intencionalmente es tratar de doblegar la conciencia del elector. Pero, no obstante este procedimiento torticero de las famosas firmas de encuestadores, es indudable que las colectividades históricas y los partidos fuertes ganarán las mayorías en el Congreso. Un fenómeno que sí es previsible es la desaparición de un grupo de movimientos que no alcanzarán el umbral electoral. Este hecho es importante porque la política no es un juego y la proliferación de grupúsculos con pretensiones partidistas le hace daño a la democracia. Pero, además del resultado de la composición del Congreso, hecho este de vital importancia para saber con qué fuerzas contará el próximo presidente, se suma el de las consultas para la escogencia de candidatos a la elección presidencial. Son tres: La llamada Consulta de las soluciones con dos aspirantes; la Gran Consulta por Colombia con nueve y Frente por La Vida con cinco. Cada grupo pondrá un candidato a la presidencia en las elecciones de mayo. Este resultado es importante y puede marcar caminos hacia la elección del primer cargo de la Nación. Toca esperar el resultado del domingo para hacer ya una lectura precisa de lo ocurrido y de lo que en adelante puede ocurrir, a sabiendas de que hay varios aspirantes a la presidencia que no van a la consulta, sino directamente al debate de la primera vuelta. Pero no somos pitonisos y es nuestra responsabilidad con el elector, en honor al respeto por su sagrado voto, la de esperar los resultados para entonces sí, hacer la lectura precisa y apropiada de las posibilidades en las presidenciales de mayo y junio. Solo me resta pedir que nuestro voto no sea por los corruptos de siempre, ni por las maquinarias y menos aún por la compraventa, porque de ese voto depende el destino de Colombia.