Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Que callen los fusiles y termine la zozobra

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
22 de julio de 2024

Un llamado urgente a la paz clama por el cese de la guerra. Que el silencio de las armas dé paso a la esperanza, un futuro sin violencia donde prevalezcan el diálogo y la unidad.

Por Félix Manzur Jattin Que callen los fusiles y termine la zozobra, que el silencio de las armas marque el comienzo de una nueva era. Que el sonido ensordecedor de la guerra cese, dejando espacio para las voces de aquellos que claman por la paz. Que las trincheras se vacíen y los soldados regresen a sus hogares, donde los esperan ansiosos. Que la tierra deje de ser regada con sangre inocente, que los campos vuelvan a florecer con la promesa de un futuro sin violencia. Que las balas se transformen en palabras y los cañones en plumas, que los acuerdos se firmen con tinta y no con pólvora. Que los líderes comprendan que el verdadero poder reside en el diálogo y no en la fuerza bruta. Que los niños puedan jugar sin miedo a las explosiones, que sus risas sean más fuertes que cualquier detonación. Que las madres duerman tranquilas, sabiendo que sus hijos están seguros y no en el frente de batalla. Que los padres regresen enteros, sin las cicatrices físicas y emocionales que deja la guerra. Que las familias se reúnan, que el amor sea más fuerte que el odio. Que las ciudades destruidas renazcan de sus cenizas, que las ruinas se conviertan en cimientos para una nueva construcción de convivencia y armonía. Que los líderes militares depongan sus armas y los líderes políticos sus discursos bélicos. Que las banderas se alcen para celebrar la unidad y no la segregación. Que los himnos nacionales se entonen en paz, recordándonos que todos compartimos un mismo planeta, un mismo cielo. Que el odio se diluya en el aire y la comprensión tome su lugar. Que las diferencias se conviertan en fortalezas y no en motivos de conflicto. Que cada cultura sea celebrada y no temida, que cada lengua sea escuchada y no silenciada. Que cada ser humano sea valorado por su humanidad. Que los recursos destinados a la guerra se inviertan en la educación, la salud y el bienestar de todos. Que las armas se fundan y se transformen en herramientas para la construcción y no para la destrucción. Que la riqueza de las naciones sea medida por la felicidad de sus habitantes y no por su poderío militar. Que la memoria de los caídos no sea en vano, que su sacrificio inspire la búsqueda incesante de la paz. Que cada vida perdida nos recuerde el precio inestimable de la guerra y nos impulse a buscar soluciones pacíficas a nuestros conflictos. Que callen los fusiles y termine la zozobra. Que el silencio de las armas sea el primer paso hacia un mundo más justo y más humano. Que la paz no sea solo un sueño, sino una realidad alcanzable.