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Opinión

Puro cuento

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
21 de noviembre de 2024

Las redes sociales han transformado la comunicación, abriendo un laberinto de mensajes con fines diversos. Desde negocios a la política, la desinformación prolifera, especialmente en salud y sexualidad.

Por Fernando Negrete Montes La facilidad de la comunicación virtual a partir de la proliferación de las redes sociales, abrió el camino para que todo el que tenga acceso a un dispositivo y quiera y pueda hacerlo, emita sus mensajes e interactúe por este medio y lo utilice para distintos objetivos como estudiar, impulsar un negocio, cultivar la vanidad, difundir ideas, opiniones, hacer política y muchas cosas que pueden ir desde la realización de transacciones comerciales y financieras, hasta actividades que rayan en la delincuencia y el delito. Resalto de este mundo digital producto de la ciencia y la tecnología con un elevado grado de perfección, que el ruido de la era industrial que transformaba la materia a base de golpes fue reemplazado por la hidráulica y la energía silenciosa característica de los equipos y medios de producción digitales que hoy son la punta de lanza de los cambios en la forma de generar la riqueza y cuyos máximos exponentes son las grandes tecnológicas que comunican el planeta. Como las relaciones sociales son un universo y la necesidad de la comunicación es consustancial al hombre; pongo el caso, décadas atrás, de una comunidad que ante la consulta para escoger entre el acueducto y el servicio de telefonía prefirió esto último porque el agua la tenían en el río que pasaba por ahí, en cambio, saber de las personas que se iban era prioritario, sin sospechar que más temprano que tarde la conectividad la iban a tener en la mano sumergiendo a la sociedad en un laberinto "comunicativo". El uso de estos medios se manifiesta hoy en diversas áreas entre ellas la salud con "expertos" dando recomendaciones y remedios para "curarse" de dolencias y enfermedades con productos que muchas veces no tienen registro Invima, lo que puede poner en riesgo la salud de quienes los usen o ser inocuos, que sería lo menos grave ante tanto bombardeo de "curas milagrosas", pero hay que comprarlos antes que los retiren de la pantalla. Pero el campeón de este repertorio son los productos para atacar los problemas sexuales en hombres cuya receta consiste en desprestigiar a las farmacéuticas con el manido cuento que solo buscan el lucro sin importar que sus drogas acaben con la vida de las personas, proponiendo como alternativa productos naturales "sin efectos secundarios", en una perorata acompañada por una ruleta como colofón de la poca seriedad y garantía de lo ofrecido. Lo triste de esta historia es que detrás de estos mensajes hay un ejército de jóvenes que viven el sexo como negocio y de médicos que se juegan su "prestigio" en una propaganda que al final de cuentas termina siendo engañosa, similar a políticos y administradores públicos que disfrazan sus ejecutorias con informes arreglados, quedando como unos culebreros porque lo que dicen y venden es "puro cuento".