
Puerto de bendición

La tecnología avanza, pero la inmediatez impacta la paciencia. La autora reflexiona sobre la pérdida de la calma y el valor del sacrificio en la era digital.
Por Selma Samur de Heenan Los avances tecnológicos han traído progreso y facilidad al desarrollo de la sociedad. Los inventos electrónicos son tan numerosos y extraordinarios, que no acabamos de saber de uno, cuando ya hay otro. Sin desconocer las incuestionables ventajas que esto conlleva, es oportuno reflexionar en los contras que también existen, y que necesitamos prevenir para reducir su impacto negativo. El hecho de poder conseguir información de forma inmediata, nos hace impacientes e inmediatistas, al punto de tener un nivel de frustración bastante alto cuando algo se está tardando más de lo que ahora nos parece un tiempo razonable de espera. Es impensable que un joven de hoy, tenga el sosiego que se requería para buscar un número en el directorio telefónico de antaño o que viaje con un mapa como guía para descifrar las rutas entre diferentes líneas, si tiene en su mano un celular que le indica todo. Antes, las horas parecían transcurrir menos rápido, porque se vivía, con paso a paso, cada etapa del día. Las cartas demoraban semanas en llegar a su destino, y sus respuestas también. Esto hacía que las personas tuvieran otro tipo de perspectiva al momento de enfrentar dificultades y pruebas, porque la virtud de la paciencia estaba a favor, generando caracteres firmes con capacidad de responder tranquilamente a diferentes desafíos, por grandes que se vieran. Hoy, en medio de este extremado facilismo y prontitud, es supremamente anti popular hablar de calma, de espera o de darle tiempo al tiempo. Son conceptos tan olvidados como la cruz, la mortificación o la penitencia. Ahora mucho menos se le encuentra sentido a los términos "camino angosto y puerta estrecha", que tantas bendiciones traen a nuestra vida. El valor del sacrificio por amor es eterno, como eterna serán sus gratificaciones. No es cierto que quienes tratamos de cumplir el evangelio, pensemos que es tarea fácil. Vivir en la voluntad de Dios es el mayor de los retos y el más complejo de asumir. Pero las grandes dificultades que encontraremos en el día a día, cuando nos decidimos a obedecer a Jesucristo, nos permitirán vivir bellas experiencias, esas que nunca se conseguirían si elegimos el permisivismo moral que se nos está proponiendo e imponiendo, donde nada vale y todo es considerado permitido.