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Opinión

Pueblos navideños

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
28 de noviembre de 2024

Diciembre inunda los pueblos de magia navideña. Regreso a casa, reencuentro y esperanza: la esencia de la Navidad en los pequeños poblados que atesoran la vida.

Por José Armando Benítez Tuirán Se acerca diciembre y los pueblos se engalanan, cantan y reverdecen para abrazar la Navidad. Bien sabido es que: pueblo chiquito, universo grande. Ojalá nunca, se volvieran ciudad. Ya llegaron los estudiantes de vacaciones y el cachaquerío asoma. Los que están más lejos, o más ocupados, planean su desembarco para cuando se acerque Nochebuena, y si no es posible, por lo menos, para final de año. Porque la misa del gallo hay que escucharla bajo la cúpula de la vieja iglesia que franquea el parque principal. Ya huele a tardecitas de diciembre. Y ese sabor a pueblo, y esas brisas decembrinas traen regocijo al alma cansada de tanta ausencia. Cuando muere el sol, el rumor melódico de las fiestas navideñas pega fuerte, justo en los corazones ávidos de alegrías. Desterrando la tristeza, los suspiros y las lágrimas. El viento provinciano los aleja de este mes, porque en estas fechas, lo que toca es hacer balance de lo pasado y soñar y proyectar y anhelar y prometerse un futuro mejor. Es la época de ver corrinchear a los niños por las calles, alegrando las mañanas, agitando las tardes, y alargando las noches, antes de que la vida les atrape y les robe la inocencia, la despreocupación y, sobre todo, les deshaga la ilusión por la llegada del niño Dios. Pues una vez rota la magia navideña la vida se mira con otros ojos. Escuché, en una obra de teatro una frase contundente: "quien tiene un pueblo tiene un refugio". Gran verdad, pues es un lugar al que siempre podemos escapar, donde los abrazos abrigan el alma, un sitio en el que no se cansan de esperarte, donde, aunque ya no tengas casa, sigues teniendo un hogar. Porque un pueblo también puede llegar a ser un hogar. Un lugar en el cual residen las riquezas más preciadas del ser humano en forma de verbo: compartir, amar, reír, cantar, dar, bailar, caminar, visitar, descansar, reencontrar… vivir. La gran vida se vive en los pequeños poblados. De donde muchos hemos tenido que emigrar hacia horizontes lejanos, alentados por la esperanza de un futuro más próspero. Porque hay pocas oportunidades, porque la política en los pueblos se volvió un ejercicio de enriquecer alcaldes. Que lindos son los diciembres en los pueblos. Que nadie nos robe poder regresar a ellos en estas fiestas. Que nada nos impida que el pueblo sea nuestro refugio.