
Protegiéndonos contra la violencia

La violencia y el miedo azotan la sociedad. Es urgente priorizar los derechos humanos, erradicando la crueldad. La compasión y el respeto son claves para construir un mundo de paz.
Por José Arturo Ealo Gaviria La violencia, la inseguridad y el miedo son evidencias a diario en cada una de sus expresiones. Tenemos un deber con los derechos humanos. No más crueldad ni más violaciones. La única manera de sanar a la sociedad de vejámenes y de carencias de amor es relevar o sustituir el monumento de dominación con el entorno de la igualdad y el respeto. No hay que darle confort a la violencia. Es un mal para nuestro mundo. Una población con insensibilidad conlleva al peligro. No se trata de usar armas ni explosiones con destrucción mortal para conseguir la paz. Necesitamos benevolencias y mucha más compasión. La violencia no es solo asesinar a otro, comienza desde escenas con palabras denigrantes, al realizar gestos de desaire hacia otra persona o cuando se obedece porque hay miedo. Es más sutil, más profunda. No hay estandarte ni insignia lo suficientemente inmensa que cubra la vergüenza de arrancarle la vida a un ser humano y a prójimos inocentes. La violencia es una bestia con desenfreno que suele agredir a su propio amo. Y, por qué no, sí podemos creer en un mundo unido, que a través del tiempo los humanos preserven su personalidad y —a la vez— en volcar muros divisorios. Se puede protestar sin violencia, y no hacerlo origina violencia, el de personas engañándose para creer que su dolor es provocado por otros, pensando que merecen ser castigadas. La violencia es el último recurso del incompetente, crea más problemas sociales que los resueltos. No solo es poco práctica sino inmoral. La victoria obtenida por esta vileza social es equivalente a una derrota, es basura espiritual, es anorexia del espíritu. Cualquier hora del día o de la noche es buena para decir: "¡basta!", y darle fin a una etapa de la vida de alguien que no hubiese deseado vivir. Esta anomalía y las armas jamás resolverán los problemas de la humanidad. Cualquiera que sea la forma de manifestarse, es un fracaso. De una u otra manera, siempre reinará la verdad y el amor sobre la violencia y la opresión. Con este desarreglo de la sociedad olvidamos quiénes somos. Nada bueno viene de la violencia. Es el temor a los ideales de los demás. La paz y la armonía no se consiguen a través de la violencia. Sólo se pueden abrazar a través de la comprensión. En la médula de la no violencia se levanta el principio del amor.