
Proteger el hoy para cuidar el mañana

Abril no es un mes cualquiera en salud pública. Es, en la práctica, una prueba de capacidad del sistema: segunda jornada nacional de vacunación, día central el 25, vacunatón nocturna el 30 y, en paralelo, la Semana de Vacunación de las Américas. Mucho despliegue, pero ¿estamos entendiendo realmente el valor estratégico de las vacunas más recientes del PAI?
El Programa Ampliado de Inmunizaciones evoluciona según la carga de enfermedad, la costoefectividad y la evidencia. Y hoy, tres incorporaciones obligan a replantear la promoción de la salud: VSR en gestantes, vacuna hexavalente en prematuros y dengue para la niñez de 9 años en territorios priorizados. Empecemos por el virus sincitial respiratorio. Durante años lo aceptamos como "inevitable": hospitalizaciones pediátricas estacionales, saturación de servicios y alta carga en menores de un año. La introducción de esta vacuna para gestantes cambió la ecuación, porque protege a la madre y además transfiere anticuerpos al producto para protegerlo en el periodo de mayor vulnerabilidad. Es una intervención de impacto directo en la demanda de UCI neonatal y pediátrica. Es una estrategia de protección neonatal diferida. La hexavalente, por su parte, es menos "vistosa" pero más estructural. Sustituye esquemas fragmentados (pentavalente + polio) por una sola aplicación que cubre difteria, tétanos, tos ferina, hepatitis B, Haemophilus influenzae tipo b y poliomielitis inactivada. La ventaja real es menos pinchazos, mejor adherencia, menor riesgo de esquemas incompletos y simplificación logística. En un sistema con brechas de continuidad, esto es una belleza. Por lo pronto, solo disponible para prematuros con peso menor a 1.500 gramos, pero esperando que el país agote su inventario de pentavalente para reemplazar y que sea de aplicación general en niños a partir del mes y medio de edad. Y dengue. El municipio de Montería ha sido escogido como territorio priorizado para la introducción escalonada de este biológico. La vacuna no es universal ni inmediata para toda la población. Está dirigida a territorios con alta endemicidad y criterios específicos, como la cohorte de 9 años de edad. No es la solución mágica al dengue; hay que fortalecer el control vectorial, la gestión de residuos, la educación, el saneamiento y la vigilancia epidemiológica, pero es una vacuna probada en seguridad y eficacia para reducir hospitalizaciones, casos de dengue grave y muertes. Vacunar no es solo aplicar biológicos y ya. Hay que ejecutar una política pública compleja que mezcla ciencia, logística y confianza. Si uno de esos tres falla, el sistema completo se resiente. Y hoy, más que nunca, el desafío con las vacunas es usarlas con criterio, educar-reeducar y luchar contra la desinformación de redes sociales y las opiniones equivocadas de los antivacunas.